EL ECONOMISTA COMO ARÚSPICE: IN MEMORIAM DE ASDRÚBAL BAPTISTA

EL ECONOMISTA COMO ARÚSPICE: IN MEMORIAM DE ASDRÚBAL BAPTISTA

“La vida de Venezuela ha sido mi razón científica”

Asdrúbal Baptista

La muerte de Asdrúbal Baptista significa una gran pérdida para las ciencias sociales venezolanas en particular y para la vida político-espiritual del país en general. En un panorama intelectual caracterizado por el filisteísmo, el parroquialismo, el narcicismo de las pequeñas diferencias, los salones de espejos y las pasiones tristes, Baptista era antítesis creadora. No es de extrañar que su obra y sus implicaciones políticas resultasen sospechosas ora para una izquierda cuya lectura de Marx era manualesca y adoctrinada, ora para una derecha para la cual el neoliberalismo se convirtió en letanía irreflexiva, ora para las variantes de la doxa posmoderna cuya carencia de sistematicidad se erigía como barrera ante su rigurosidad y celo teórico. Sin embargo, el mensaje de Baptista era demasiado clarividente como para ser obviado, por lo que fue metabolizado acomodaticiamente. En unos representó una ventana para enarbolar la buena nueva del neoliberalismo contra los vicios de la economía política del capitalismo rentístico. En otros representó la oportunidad de remediar la fatiga reflexiva de la teoría crítica sobre la especificidad venezolana haciendo un uso instrumental del arsenal que otorgaba la teoría económica del capitalismo rentístico.

La edificante obra de Baptista se erigió en un país a cuyos mapas cognitivos se les dificulta asimilar que un mismo hombre sea al mismo tiempo admirador de Marx y Smith, conocedor de Böhm von Bawerk, Keynes y Celso Furtado, puntillista de John Stuart Mill e incondicional a Hegel y Heidegger. Si nos atrevemos a recurrir a un concepto de la tradición filosófica occidental para asimilar la estatura intelectual de Asdrúbal Baptista quizá debamos optar por la negación de la negación hegeliana en tanto en su obra la diversidad no se concibe de ninguna manera como el desarrollo de la verdad, sino que es índice de la contradicción, de la creación. Más allá de ortodoxias y heterodoxias la guía intelectual de Baptista siempre fue “lo que constituye la vida del todo” según el modelo de Hegel.

Sus preocupaciones intelectuales fueron múltiples y transcurrieron orgánicamente del fundamento al fenómeno. Allí donde la academia se atrinchera décadas o siglos a debatir aporías fue capaz de construir singulares respuestas. Hizo del número y la formalización su fiel acompañante pero no sucumbió a su fetichización, antes, al contrario, en lo epistemológico fue un historicista radical apegado a las enseñanzas de Hegel, Smith y Marx. En la diatriba entre lo teórico y lo empírico fue un defensor de la importancia del dato para nuestra era “post-metafísica”; sin embargo, expresó con claridad meridiana que “toda teoría crea su propia base empírica, que, por necesidad, entonces ha de ser estadística, numérica, cuantitativa”[1]. Su formación filosófica irradiaba su trabajo como científico social, su preocupación por el fundamento ontológico del cosmos era una anomalía creativa en el rutinario mundo de los economistas.

A contracorriente de la triple escisión epistemológica y ontológica de lo económico, lo político y lo social característica de la geocultura liberal recuperó, desde la enseñanza de la sociología histórico-económica de Adam Smith[2], un conocimiento holístico de la sociedad. En su propósito de escudriñar los fundamentos de la ciencia histórica de la economía política (como definía a su negocio) llegó a interpretaciones tan hondas y relevantes como, por ejemplo, trazar con una rigurosidad admirable cómo la economía política se bifurcó entre Hegel y John St. Mill cuando este último axiomatizó su tarea y separó su objeto de la historia para construir las bases donde se levantaría el panteón de la teoría neoclásica y el marginalismo. Una interpretación sobre este hecho con semejante claridad no la encontramos en la Historia del análisis económico de Schumpeter por citar un caso. En límites de la economía política: acerca de una ciencia histórica de 1996[3] la ciencia venezolana tiene una obra de valor universal sobre la interpretación del conocimiento económico.

Lo que Asdrúbal Baptista legó al conocimiento de la vida social y económica de Venezuela es realmente significativo, riguroso y profundo. Acá no puedo sino mencionar algunos hitos. En El petróleo en el pensamiento económico venezolano construyó junto a Bernard Mommer el primer intento sistemático, del que yo tenga conocimiento, de una genealogía del pensamiento económico sobre el petróleo en Venezuela. Teoría económica del capitalismo rentístico está, sin duda, en el cuadro de honor de las obras más importantes de las ciencias sociales venezolanas y su legado es actual y perdurable. De este magnum opus se desprenden varias líneas de análisis. En primer lugar, la importancia de revisitar los fundamentos teóricos de la economía política clásica si se quiere construir una caja de herramientas capaz de dar cuenta de una economía nacional rentista. Segundo, la relevancia de lo que el autor denominó “la doble espacialidad del capitalismo rentístico”, esto es, la inserción de la economía nacional rentista en la dinámica del mercado mundial. Tercero, propiciar los análisis comparativos entre la dinámica del capitalismo rentístico y la dinámica de la acumulación de capital en otros Estados nacionales como mecanismo de develar las profundas singularidades de la economía venezolana. Cuarto, la particularidad del capitalismo rentista en los equilibrios “funcionales” entre productividad y salario real, producción y consumo. Quinto, la distribución de la renta petrolera y la relación que esto propicia entre el Estado y la sociedad civil. Sexto, el tipo de cambio como cuartel general de la política económica del país. Séptimo, la crisis del metabolismo rentista.

Por último, su El relevo del capitalismo rentístico: hacia un nuevo balance de poder es una obra perspicaz que señala con maestría la encrucijada en la que entró la sociedad venezolana desde la década de 1970. A riesgo de simplificar me atrevo a transcribir una cita que resume el tono y el análisis de esa obra: “El siglo XX venezolano puede entenderse como un intento por asir las fuerzas más dinámicas de la historia de la humanidad al presente, para hacerlas propias, endógenas, y arraigarlas en el suelo del mismo decurso nacional. No las tuvo todas consigo el país en esta pretensión de tan decisivas consecuencias”[4].

En un país que oscila históricamente de la férrea politización a la inflexible desafiliación no es de extrañar que el primer flanco de ataque a un pensador sean sus posiciones políticas, sobre todo para quienes el pensamiento carece de la dignidad ontológica que le otorgan a la pequeña política. Sobre este tópico me limitaré a mencionar un par de cosas. En su condición de Ministro de Estado para la Reforma de la Economía de Venezuela durante los meses de enero a abril de 1994 Baptista realizó un programa de país que tituló “El futuro de la nación y la propiedad del petróleo”. Los postulados de aquel programa eran “la equidad, la solidaridad y la justicia económica” y se proponía resolver la conflictiva situación entre la productividad y los salarios reales: “no hay manera de tener un crecimiento políticamente viable, políticamente sostenible, que no implique de una manera firme y sostenida el aumento de los salarios reales”[5]. Aquel programa de Baptista, a despecho de francotiradores momentáneos, todavía nos espera en el futuro.

En la presentación a la segunda edición de Teoría económica del capitalismo rentístico Baptista evaluó la cuestión de una salida no capitalista a la encrucijada del capitalismo rentístico. Con una honestidad que no es fácil de encontrar en el ambiente intelectual venezolano cuando se trata de evaluar la viabilidad de proyectos políticos con los que personalmente no se comulga señaló: “¿Es admisible pensar que el aprovechamiento económico de esa corriente de renta internacional pueda servir para apoyar un proceso de cambio social, cualquiera sea su orientación política, por ejemplo, no capitalista? Obviando por razón del argumento la contienda de bando que suscitará o suscita una propuesta de tal índole, la primera respuesta pareciera ser que no hay nada fundamental que contradiga esta intención”[6]. Las implicaciones teóricas y políticas de esta afirmación también nos esperan en el futuro.

Los etruscos legaron al mundo romano una figura capaz de desentrañar el futuro a partir del principio del macrocosmos y el microcosmos: el arúspice. Asdrúbal Baptista fue el arúspice de la sociedad rentista. Su tarea no fue la del especialista en petróleo que en los marcos de la razón rentista busca fórmulas para aumentar el ingreso que recibe el país del mercado mundial por la propiedad de un recurso natural. Su trabajo, en cambio, fue el de desentrañar el metabolismo económico de una sociedad que se reprodujo durante un siglo (y contando) de captar del mercado mundial una porción del plusvalor no por concepto de su trabajo nacional, sino por el de la propiedad del Estado sobre el petróleo. Su obra será, sin lugar a dudas, un motivo cardinal para generaciones de científicos sociales y políticos en la Venezuela del siglo XXI.  


[1] A. Baptista, Itinerario por la economía política (II) y otros escritos, Caracas, Ediciones IESA, 2016, p. 21.

[2] A. Baptista, El sistema intelectual de Adam Smith: ciencia e historia, Mérida, Universidad de los Andes, 1980.

[3] Caracas, Panap

[4] A. Baptista, El relevo del capitalismo rentístico: hacia un nuevo balance de poder, Caracas, Fundación Polar, 2004, p. 137.

[5] Ibid, p. 266.

[6] Ibid, p. 261.

Malfred Gerig

Sociólogo por la Universidad Central de Venezuela (UCV), Especialista en Estado, Gobierno y Democracia (CLACSO) y candidato a Magíster en Ciencia Política por la Universidad Simón Bolívar (USB). Director Ejecutivo de Laboratorio Estratégico e investigador con interés en economía política global y economía política del petróleo.

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