BOLÍVAR: DOLOR Y GLORIA

BOLÍVAR: DOLOR Y GLORIA

El historiador venezolano Luis Britto García escribió en algún lugar que “nuestra incómoda relación con la venezolanidad es nuestra incómoda relación con Bolívar”. En ese mismo espacio -un prólogo para una novela histórica sobre Bolívar[i]– Britto García nos hablaba de la historia como bostezo, ensueño, pesadilla, sueño eterno y como una historia viva. Una síntesis que, sin más, busca problematizar la relación que tiene el venezolano con su historia y especialmente con la figura de Bolívar.

En este aspecto, es cierto que el venezolano generalmente crece estudiando la historia nacional de manera errática, con grandes saltos temporales y con algunos hitos fundacionales donde la historia de Bolívar se fusiona con la historia de la República y viceversa. Así, el legado del Libertador termina siendo una caricatura de perfección donde el “héroe de todas las causas” -como lo definiera Harwich Vallenilla[ii]– se nos presenta no en su condición de ser humano de carne y hueso, sino como un semidiós digno de la mitología griega; perdiéndose lo que, a nuestro juicio, es la verdadera esencia de este personaje que con su obra ayudó a marcar la suerte del continente americano.

Bolívar como personaje contradictorio

Cuando nos disponemos a estudiar a Simón Bolívar no como el héroe perfecto de cierta historiografía, sino con un ser humano excepcional, pero ser humano al fin, encontraremos en él un cúmulo de ideas encontradas, contrapuestas o contradictorias que lo van acompañando en la construcción de su vasto legado.

Bolívar fue un personaje ambicioso, con sed de glorias como pocos, pero acompañado de una “bilis negra” perenne; un intenso dolor que en más de una ocasión lo impulso al borde del suicidio. Bolívar abrazó la República pese a su admiración soterrada por la figura de Napoleón; su pensamiento era claramente liberal, aunque férreamente centralista; un militar despiadado en ocasiones, aunque extrañamente indulgente en otras; en fin, un personaje complejo cuya importancia como hito fundacional solamente es posible aprehenderla en la medida que nos atrevemos a estudiarlo en toda su dimensión como ser humano.

El sufrimiento de Bolívar

La vida de Bolívar estuvo marcada desde muy temprana edad por la personalidad caprichosa de la Fortuna. No en vano en algún momento se autocalificaría como el “hombre de las dificultades”.

Si pudiéramos resumir sus primeros 20 años de vida en un solo significado, su signo sería la pérdida. Primero fallece su primo y padrino, después su padre, más adelante su madre, seguidamente su abuelo materno; todo esto en sus primeros 10 años. Posteriormente, con 19, también perdería a su primera y única esposa. En este último caso se inaugura -al menos desde lo que la evidencia epistolar nos permite suponer- las primeras intenciones suicidas del Libertador[iii] acompañadas de la sobreposición vigorosa de la pérdida. Situación que alcanzaremos a ver nuevamente, aunque en otras circunstancias, tanto en Jamaica[iv], como en las costas de Ocumare[v].

No obstante, en la medida que los sueños de la creación de Colombia comenzaban a hacerse realidad, la mayor amenaza para el Libertador no era ya la pérdida de sus seres queridos, sino la pérdida de su gloria, lo que le generaba grandes angustias y decepciones continuas en la medida que sus ambiciones se volvían cada vez más incomprensibles para sus coetáneos.

La sed de gloria del Libertador

Es imposible comprender el sacrificio sobrehumano que realizó Bolívar durante las campañas independentistas sin incluir la sed insaciable de gloria del Liberador. Aun hoy en día, con los grandes avances existentes en el sistema de transporte, sería un sacrificio extraordinario recorrer las vastas distancias en los apresurados tiempos que los ejecutaba Simón. Situación que influenció notoriamente en su envejecimiento prematuro como el mismo lo reconocía.

Ahora, su presencia continua en el campo de batalla no solo era el caudal que alimentaba su hambre de vítores; a su vez, al estar en la primera línea de acción, Bolívar tuvo la oportunidad de conocer las crueldades de la guerra, a los hombres bárbaros, sus básicas aspiraciones y las distancias irremediables entre estos y los señores del “escritorio”; alimentando también una decepción creciente en la medida que enfrentaba limitaciones para imponer sus designios. Quizás por eso la radicalización en su necesidad del centralismo político. Quizás por ello su preferencia cada vez más notoria por el grado militar sobre la aristocracia civil.

En cualquier caso, no es posible hablar de la ambición de gloria de Bolívar sin hablar de su excelso sentido del honor. Pese a que de joven abrazó el conflicto existencial sin miramientos, siendo el Decreto de Guerra a Muerte (1813) y la masacre de los presos realistas en La Guaira (1814) algunos de los eventos más polémicos que podemos apreciar, no menos cierto es que el Libertador impulsó importantes gestos en su etapa más madura, como el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, firmado con Pablo Morillo en Santa Ana (1820). Incluso, durante este período llegó a sentir desdén por las facilidades con que avanzaba ante la debilidad de un enemigo al cual tenía casi una década enfrentando[vi].

La riqueza de estudiar a Bolívar como un ser humano imperfecto

A la propaganda reaccionaria que pretende exponer a Bolívar como un dictador despiadado y a la alabanza simplona que lo presenta como un semidiós sin defectos, hay que contraponer al hombre de carne y hueso con luces y sombras.

Estudiar a Bolívar y reconocer su naturaleza humana contradictoria no empequeñece su obra; al contrario, la nutre. Descubrir que detrás del hombre firme de la guerra existía un personaje melancólico, no hace del Libertador un ser débil, sino un ser humano real que transita por una vida agitada. Aceptar la sed de gloria de Bolívar no puede ser una conclusión condenatoria a priori, sino un punto de partida para entender parte de las motivaciones tras sus ambiciones políticas y militares.

En fin, estudiar al hombre detrás del mito siempre será la manera más rica de aproximarnos al legado histórico del Libertador.


[i] Herrera, L. (2005).  Bolívar en Vivo. Venezuela: Criteria Editorial.

[ii] Harwich, N. (29 de octubre de 2002). Un héroe para todas las causas: Bolívar en la historiografía. En I. Galster, La figura de Simón Bolívar en la novela hispano-americana del siglo XX. Conferencia llevada a cabo en la Universidad de Paderbonr, Alemania.

[iii] Revisar carta de Simón Bolívar a Alejandro Dehollain, escrita el 10 de marzo de 1803.

[iv] Al respecto se puede revisar la carta de Simón Bolívar a Maxwell Hyslop fechada el 30 de octubre de 1815.

[v] Revisar carta de Simón Bolívar a José Fernández Madrid sobre lo ocurrido en las costas de Ocumare en julio de 1816.

[vi] Carta de Simón Bolívar a Guillermo White fechada el 26 de mayo de 1820.

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Guido Revete

Cofundador y codirector de Revista Florencia. Sociólogo por la Universidad Central de Venezuela (UCV), con un diploma de posgrado en Estudios Avanzados en Gobernabilidad y Gerencia Política por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), candidato a Magíster en Estudios Políticos y de Gobierno en la Universidad Metropolitana (UNIMET).

2 comentarios en «BOLÍVAR: DOLOR Y GLORIA»

  1. El anterior articulo, nos invita a estudiar la vida y obra del Libertador Simon Bolivar, sin el apasionamiento que en estos tiempos y tambien en otrora, el interés politico particular de turno lo ha utilizado para sus propósitos. Nos invita a ver al hombre en carne y hueso, en toda su humanidad. A Simón Bolivar, el caraqueño, siempre le ha surgido por cada admirador un detractor, precisamente por la compleja e interesante vida que dejó en apenas 47 años que le da material a ambos bandos para sus creaciones. Guido Revete, nos invita a estudiar al hombre y con ello descrubiremos que su obra y sus pensamientos, siguen teniendo vigencia 200 años después. GRACIAS GUIDO.

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