EL VALOR DE LA VIDA DIGNA.  LO QUE NO SE DEBATE EN LA CAMPAÑA ELECTORAL PRESIDENCIAL

EL VALOR DE LA VIDA DIGNA. LO QUE NO SE DEBATE EN LA CAMPAÑA ELECTORAL PRESIDENCIAL

El espacio de experiencia donde adquieren sentido las prácticas culturales que soportan el tejido axiológico y material de las relaciones sociales se encuentra destruido en su capacidad de proyectar horizontes de expectativas.

La simultaneidad entre los procesos de desafiliación y desocialización plantean interrogantes urgentes cuando están atravesados por la violencia manifiesta y creciente de la sociedad venezolana. La pérdida de densidad simbólica de las normas que instituyen la vida social en Venezuela se entretejen con la atomización y segregación de la experiencia cotidiana.

En términos históricos, el desplazamiento de la política insurgente por la política corporativa ha implicado un cambio radical en las formas de interpelación del pueblo en tanto fuente de soberanía y legitimidad. El sujeto protagónico es desplazado por una invocación retorica anclada en la organización clientelar de la política. Y es exactamente, este sustrato político-espiritual, el elemento ausente de las propuestas de país que se confrontan en el escenario político-electoral.

En la campaña se omiten los debates sobre la posibilidad de pensar alternativas al estado de cosas en cuanto la relación entre el presente y el futuro no forma parte de los horizontes normativos de los candidatos. El retorno de las repúblicas aéreas como colapso de la nación se configura como principio de indeterminación histórica.

La violencia social y política se ha convertido en el leit motiv de la cotidianidad en la medida en que los indicadores económicos de aumento de la inflación, desabastecimiento y escasez de productos esenciales se diseminan como problemáticas en la totalidad de la sociedad venezolana. La caída de los precios de petróleo intensifican tanto la crisis económica como la crisis de legimitimidad del gobierno.

En este punto, la sociedad venezolana se confronta con la negación de su existencia histórica en tanto la designación de su conflicto ciudadano apunta a la parábola de las dos ciudades. En términos metafóricos, a la ciudad poseída por la guerra se le opone la ciudad plural de las prácticas cotidianas. Pero, en nuestro caso, tanto el conflicto político como la desafiliación social se presentan simultáneamente en la cotidianidad de la vida pública nacional.

La violencia política recorre la crisis de las formas de representación de la política en su doble manifestación: por un lado, como socavamiento de los mecanismos procedimentales de la democracia con la profundización de la desinstitucionalización del Estado, y por el otro, como ausencia de un proyecto compartido de país mediante la emergencia de una confrontación extrema de negación existencial.

El retorno a la fraseología neoliberal es una muestra evidente de la despolitización de la sociedad en cuanto pone de manifiesto el consenso económico de un ajuste violento. A la aciaga restauración de las gramáticas neoliberales se le opone un atomizado imaginario insurgente que se inscribe en la recuperación del debate sobre la memoria larga en el presente político en Venezuela. El debate político-espiritual sobre el sentido de futuro en su capacidad de proyectar formas de vida dignas conforma las búsquedas para reapropiarse de la histórica discusión de la utopía como un principio de esperanza.

Miguel Ángel Contreras

Sociólogo | Doctor por el Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) | Profesor agregado de Teoría Social en la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela (UCV) | Investigador Asociado a Titular Centro de Estudios de la Ciencia Laboratorio de Ecología Política Instituto de Investigaciones Científicas (IVIC)

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