CHINA Y LOS FACTORES ESTRUCTURALES DE LA DESIGUALDAD

CHINA Y LOS FACTORES ESTRUCTURALES DE LA DESIGUALDAD

La desigualdad económica es uno de los valores más importantes cuando se trata de estudiar la situación social de un país. Aunque hay muy diversas perspectivas sobre cómo afrontarla, podemos decir que hay un consenso general en torno a la idea de que un mayor nivel de desigualdad es negativo para una sociedad determinada. De ahí que, por ejemplo, encontremos la reducción de las desigualdades entre las 17 prioridades marcadas por la ONU en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. 

Sin embargo, en las últimas décadas la dispersión de riqueza y de ingreso no ha hecho más que aumentar en la práctica totalidad del mundo, según los índices de Gini y la mayoría de los parámetros existentes al respecto1. Esto se ha debido, en gran parte, al impacto que ha tenido el neoliberalismo, convertido casi en ius cogens2 a través de los organismos multilaterales donde Estados Unidos ha gozado de gran influencia, y a ideas llegadas con este como la del trickle-down economics (“goteo”), según la cual la mejor  manera de conseguir crecimiento y eficiencia económicos es rebajar la presión fiscal sobre las empresas, facilitándoles que tengan más recursos para invertir. La validez empírica de este razonamiento ha sido muy cuestionada en términos de crecimiento económico, pero sí que ha dejado huella en el nivel de dispersión de la riqueza (Stiglitz, 2016). 

No obstante, el caso de la República Popular China nos ofrece una serie de claves que nos hablan de otros factores que pueden tener un fuerte impacto en el nivel de desigualdad. Si se consulta la Standardized World Income Inequality Database, que muestra los coeficientes de Gini de mercado (antes de impuestos y redistribución) y el Gini de ingreso disponible, vemos que China ha experimentado un descenso del nivel de desigualdad desde el año 2007, aproximadamente. Además, apenas muestra cambio alguno entre uno y otro coeficiente, es decir, que en China el papel de los impuestos es nulo a la hora de modificar el nivel de desigualdad. Esto dista mucho incluso de países como Estados Unidos, habitualmente considerado muy desigual pero donde parece que el impacto de la política fiscal es mucho más progresivo (Figura 1). 

Figura 1. Coeficientes de Gini de mercado y de ingreso disponible para China y EEUU. Fuente: Solt (2020). 

Si esto ocurre es porque las políticas públicas redistributivas no son los únicos  elementos a tener en cuenta para analizar el nivel de desigualdad en un país. Sin negar que la intervención gubernamental es esencial, es importante destacar que, dependiendo de la fase del desarrollo económico en la que se esté, hay una serie de  factores estructurales que influyen en gran medida y que son a menudo olvidados. 

De entre estos, voy a describir los dos que encuentro más relevantes: el punto de inflexión de Lewis (PIL) y la curva de Kuznets. El primero nos sirve para estudiar los ingresos del mundo rural, agrario, que en países en desarrollo tiene un gran peso en la economía. La segunda, por su parte, nos sugiere una cierta complejidad de la dinámica de la inequidad en el mundo desarrollado y urbanizado. 

El punto de inflexión de Lewis (PIL): 

Este concepto, desarrollado por el británico y santalucense Sir Arthur Lewis, premio Nobel de economía, se basa en la idea de que un sector económico con excedente de mano de obra y baja productividad (la agricultura, principalmente, en el caso de los países occidentales hasta principios del siglo XX y en el de la China actual) abastece de trabajadores a un sector emergente que disfruta de mayor productividad y salarios (la industria urbana) hasta que llegado cierto punto la reserva de trabajadores disponibles se agota, lo que da lugar a un aumento generalizado de los salarios (Lewis, 1954). 

Este fenómeno es fundamental, puesto que supone el aumento de las retribuciones a la clase trabajadora y reduce los márgenes de beneficio de los propietarios del capital. En el caso chino, la reducción de la rentabilidad empresarial está llevando a un outsourcing hacia las regiones de interior, considerablemente más pobres y rurales. A pesar de que esto supone una prolongación de la competición entre trabajadores (y, por ende, tiende a  empujar los salarios hacia abajo), también acelera el proceso de urbanización del centro y el oeste del país, aumenta los ingresos allí donde va y fija a decenas de millones de trabajadores a sus zonas rurales, evitando que estos marchen a otras ciudades en busca de trabajo (Jain-Chandra et al., 2018). Sea como fuere, las dimensiones de este oursourcing, sin embargo, no son lo suficientemente importantes como para alterar el hecho de que el PIL ha sido ya alcanzado en los albores del siglo XXI y que, por tanto, puede contarse  como factor reductor de la desigualdad general (Das y N’Diaye, 2013; Cai, 2012). 

Dicho esto, debe tenerse en cuenta que este factor morirá de éxito llegado cierto punto, pues cuanto más se urbanice el país, menos habitantes dependerán del sector agrario para subsistir y menor será el impacto que tenga el aumento de sus ingresos a nivel nacional. 

La curva de Kuznets: 

Simon Kuznets fue un economista ruso-estadounidense célebre por sus aportaciones a la teoría del desarrollo económico. Una de las principales fue la teorización de la llamada “curva de Kuznets”, con la que ilustraba que los países muestran una distribución de la riqueza más igualitaria cuando son pobres y cuando son ricos, pero más desigual en el proceso intermedio de desarrollo. 

La secuencia en la que ocurre este fenómeno, según su autor, es ésta:  

1. Una economía mayoritariamente agraria ve aparecer un sector industrial  emergente que supone un boom de productividad, dando lugar a márgenes muy altos de ganancia al mismo tiempo que ofrece mejores salarios que el trabajo rural.  

2. El proceso acelerado de industrialización y urbanización lleva a que se dé un trasvase generalizado de la población hacia los sectores industriales, que se desarrollan y diversifican hasta llegar a ocupar a la mayoría de los trabajadores del país, tal y como he descrito para el PIL. Dado que el sector industrial se caracteriza por mayores desigualdades internas (ya que la alta productividad abre aún más la brecha entre los beneficios empresariales y los salarios), el aumento de su peso en la economía hace crecer el nivel general de desigualdad.  

3. Con el transcurso de la industrialización, la clase trabajadora deja de ser  esencialmente inmigrante y recién llegada del éxodo rural y pasa a estar formada en mayor medida por una población nativa de las ciudades, lo que aumenta su capacidad organizativa para exigir mejoras de las condiciones de vida, mejores salarios, mejores servicios sociales, etc. En consecuencia, el poder del capital se debilita en relación con el del trabajo, y el producto social pasa a estar repartido más equitativamente.  

A pesar de que esta teoría ha sido criticada en las últimas décadas por no servir para explicar los fuertes aumentos del nivel de desigualdad en gran parte del mundo, Milanovic (2016) defiende que la curva de Kuznets, lejos de haber perdido validez empírica, permanece vigente en forma de onda. Según sostiene este economista serbo estadounidense, la evolución de ciertos factores demográficos y socioeconómicos vuelve a producir una tendencia ascendente de la desigualdad que experimentará más tarde otra reducción. Así, China estaría acercándose al final de su primera curva de Kuznets  (Milanovic, 2020), en una situación análoga a los países occidentales en los años 50 o 60 del pasado siglo, con una clase trabajadora industrial sólida y una clase media notable que cada vez capta mayor proporción de la renta nacional.

Al igual que he comentado más arriba para el punto de inflexión de Lewis, llegado cierto punto, la curva (u ondas) de Kuznets tendrá una menor importancia a la hora de reducir el nivel de desigualdad nacional (una vez agote el recorrido de su bajada). Y, si Milanovic está en lo correcto y China sigue la estela de los países occidentales, este factor cambiará de signo y pasará a contribuir al aumento de la inequidad. 

No obstante, hay dos precisiones imprescindibles que deben hacerse si se quiere ser riguroso. La primera es que la negociación colectiva, es decir, el marco regulatorio en el que se fijan las condiciones laborales, los salarios o el rol de los sindicatos, es una clara intervención gubernamental con un fuerte potencial redistributivo y que sin embargo aparece enmascarada dentro del índice de Gini de mercado (como si fuera resultado de la  libre interacción entre empresas y trabajadores). La segunda es que el régimen político es  fundamental para comprender la accesibilidad de los trabajadores al poder público y a los sindicatos. La curva de Kuznets da por hecho que una clase trabajadora más sólida está en mejores condiciones de asociarse y lograr una mayor parte de las rentas, cosa que difícilmente ocurre si, por ejemplo, la actividad sindical está proscrita.  

Como vemos, la línea que separa los factores estructurales de las políticas públicas es más bien difusa. Con todo, el caso de China sirve para probar que los primeros no deben ser olvidados en las discusiones acerca de la desigualdad y conocerlos es una condición necesaria para realizar un análisis serio. Además, lleva a realizar una serie de reflexiones muy relevantes para el resto de los países del globo, en especial los menos desarrollados.  

¿Cuándo alcanzarán estos el punto de inflexión de Lewis? ¿Puede determinarse una fecha concreta para esto, como algunos expertos hicieron para China? 

¿Qué ocurre si la segunda curva de Kuznets tiende a aumentar la estratificación social y divide aún más a las mayorías populares? ¿Habrá alguna clase social capaz de hacer contrapeso a las élites económicas, como se entiende que ocurre en la primera curva? 

¿Cómo aplican estos factores estructurales a otras regiones, como América Latina, con una mayoría de países estancados en el nivel medio de desarrollo? ¿Significa algo que la mayoría de los estados latinoamericanos hayan visto reducidos sus índices de Gini después de encontrar un pico entre 2000 y 2008? 

Si la desigualdad empieza a descender en la región, ¿será posible evitar, a través de políticas públicas, el repunte propio de una segunda curva? 


Notas:

1 Consúltense, por ejemplo, el SWIID o el coeficiente aportado por el Banco Mundial.

2 Concepto propio del Derecho Internacional que hace referencia a aquellas disposiciones contra las que  no puede legislarse bajo ningún concepto por ser básico para la convivencia de la comunidad  internacional.

Referencias: 

Cai, F. (2012). Is there a “Middle‐income Trap”? theories, experiences and relevance to  China. China & World Economy, 20(1), 49-61. 

Das, M., y N’Diaye, M. P. M. (2013). Chronicle of a decline foretold: Has China reached  the Lewis turning point? International Monetary Fund. (No. 13-26). 

Jain-Chandra, M. S., Khor, N., Mano, R., Schauer, J., Wingender, M. P., y Zhuang, J.  (2018). Inequality in China–trends, drivers and policy remedies. International Monetary  Fund. 

Lewis, W.A. (1954). Economic development with unlimited supplies of labor.  Manchester School of Economic and Social Studies. 22 (2),139–191. 

Milanovic, B. (2016). Introducing Kuznets waves: How income inequality waxes and  wanes over the very long run. VOX, CEPR Policy Portal. Recuperado de  https://voxeu.org/article/introducing-kuznets-waves-income-inequality 

Milanovic, B. (2020). [BrankoMilan]. (23 de junio de 2020). China is in the first Kuznets  wave; see my Global Inequality [Tweet]. Recuperado de  https://twitter.com/BrankoMilan/status/1275497909488779264?s=20 

Solt, Frederick. (2020). Measuring Income Inequality Across Countries and Over Time:  The Standardized World Income Inequality Database. Social Science Quarterly  101(3):1183-1199. SWIID Version 8.3, May 2020. 

Stiglitz, J. E. (2016). Inequality and economic growth.

Rafael Borrego

Doble graduado en Derecho y Ciencias políticas y de la Administración por la Universidad de Granada. Cursando Máster de acceso a la Abogacía. Especializado en Economía política y Derecho internacional público.

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