DAMNY LAYA: “VER LA POLÍTICA DE LA CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN COMO UN MEDIO QUE SE VINCULA DIRECTAMENTE CON LA POLÍTICA ECONÓMICA , LA AGRÍCOLA, LA DE SALUD Y LA  EDUCATIVA”

DAMNY LAYA: “VER LA POLÍTICA DE LA CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN COMO UN MEDIO QUE SE VINCULA DIRECTAMENTE CON LA POLÍTICA ECONÓMICA , LA AGRÍCOLA, LA DE SALUD Y LA EDUCATIVA”

Venezuela: un debate estratégico es un espacio diseñado por Revista Florencia para discutir con rigurosidad los principales problemas de la crisis venezolana. Sus objetivos son, por una parte, construir el estado de la situación en las áreas más acuciantes de la vida nacional, y por otra, incitar un debate prospectivo capaz de plantear soluciones integrales.

En esta oportunidad conversamos con Damny Laya Rodriguez*, Doctorando del Programa de Posgrado en Políticas Científicas y Tecnológica de la Universidad Estadal de Campinas (Unicamp) en São Paulo, Brasil, y actual miembro del Grupo de Análisis de Políticas de Innovación. Quien cuenta con una Maestría en Estudios Sociales de la Ciencia (IVIC) y se especializa  en estudios de Políticas CTI en América Latina con énfasis en Venezuela.

El Estado venezolano siempre ha sido el gran, por no decir único, promotor de la ciencia y la tecnología en Venezuela ¿Qué balance podemos hacer de la relación entre Estado y ciencia, tecnología e innovación durante la Revolución Bolivariana?

Ciertamente, desde que la ciencia y la tecnología  se convirtieron oficialmente en Política Pública en Venezuela, con la creación del Consejo Nacional para las Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT) en 1967, fue el Estado venezolano quien fungió como benefactor del desarrollo de tal sector. Sin embargo, fueron los científicos venezolanos, especialmente los del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y la Universidad Central de Venezuela (UCV), quienes impulsaron tal desarrollo. Es decir, estos fueron los reales promotores de la ciencia y la tecnología, no el Estado.

De hecho, el CONICIT, si bien estaba inserto en la estructura de Estado, siempre estuvo en manos, desde su nacimiento, de la incipiente comunidad científica venezolana. Aspecto de cierta forma, entendible, una vez que los creadores tanto del proyecto como del impulso del CONICIT, fue la comunidad científica, la cual fue creciendo en las décadas posteriores, tanto en cualificación como en cantidad, pudiendo conformar una sólida masa de científicos y tecnólogos, además de una estructura del quehacer científico con varios logros y un alto potencial, como por ejemplo la creación del Instituto Venezolano para la Investigación del Petróleo (INTEVEP), el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA), las Fundación para el Desarrollo de Ciencia y Tecnología (FUNDACITES), entre otros.

Todos estos logros y la capacidad que demostró la comunidad científica para desarrollar un cuerpo científico y estructuras científicas de la talla de los países denominados “desarrollados”, les proporcionó una posición de autoridad sobre la dirección de la ciencia y la tecnología en el país. Claro que toda esta “autoridad” estuvo bien fundamentada en la ideología del “contrato social” entre la comunidad científica y el Estado. En donde el Estado financia y la comunidad científica es la única capaz de decidir los rumbos de esos recursos.

A esto se suma el desinterés del empresariado venezolano en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, ya que era más fácil y mayores los beneficios por importar que establecer un laboratorio de investigación y desarrollo. Esto puede verse en múltiples informes elaborados por el CONICIT hasta bien entrados los años 90’S.

Este contexto es importante comprenderlo para luego poder hacer un balance de la relación, más allá del Estado, de la llamada Revolución Bolivariana no solo con la ciencia, la tecnología y la innovación, sino con los demás actores que deberían estar implicados en el desarrollo de este sector, entre ellos la comunidad científica venezolana.

Con la llegada del gobierno bolivariano la comunidad científica tradicional se va a ver desplazada y con el tiempo aislada de toda toma decisión sobre el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación en el país. El gobierno de Chávez se caracterizó por querer incluir otros actores además de la comunidad científica, cosa loable, y bastante a tono con respecto a las formas de desarrollo y conocimiento ya en discusión en la sociedad occidental para la época (Modo 2, o el modelo de Ciencia Post Normal). Sin embargo, esta inclusión de actores, devino en la exclusión de quienes con dificultades, mal que bien habían conformado una estructura científico técnica en el país durante unos 30 años. En resumidas cuentas, el Gobierno Bolivariano no supo dialogar con la comunidad científica tradicional ya establecida hasta entonces, actor principal para el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación del país.

Si bien, el Gobierno Bolivariano hizo algo importantísimo, como fue la centralización de los principales centros de investigación del país a través de la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, y que reforzó tal estrategia con la creación de la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (LOCTI) y el Fondo Nacional de Ciencia Tecnologías e Innovación (FONACIT) para garantizar el financiamiento de la ciencia, tecnología e innovación en el país. Muy poco se puede hacer con buenas estructuras y hasta una cantidad considerablemente de recursos económicos (nunca en la historia del país se dedicaron tantos recursos ciencia, tecnología e innovación del país como los hizo el gobierno bolivariano), sino cuentas con los actores necesarios para ejecutar proyectos políticos, en este caso, para ejecutar una nueva propuesta de políticas para la ciencia, tecnología e innovación.

En otras palabras, una política pública requiere no solo de un diagnóstico, una planeación y la disponibilidad de recursos, sino, y no menos importante, de actores dispuestos y convencidos a ejecutar tal política. Este último ingrediente faltó en la política de ciencia, tecnología e innovación del Gobierno Bolivariano, y en la mitad de su mandato cambiaron planeación por improvisación, inestabilidad o discontinuidad de los proyectos que se planteaban. Una muestra de ello es cómo desde 1999 hasta el 2012 desfilaron unos 8 ministros, es decir, 8 ministros en 12 años. Sin mencionar las distintas misiones que se quedaron a medio camino como la Misión Ciencia.

Desde el periodo de la sustitución de importaciones el país ha estado en un debate sobre el tipo de investigación que debe promocionar para conseguir el desarrollo. Generalmente se le ha dado preponderancia a la investigación aplicada, a la industria pesada y al conocimiento técnico-instrumental. A la luz de las principales tendencias globales ¿Podemos seguir optando por ese camino?

Es interesante, que mucho después de la SI el país no superó ese debate, de hecho, no ha pasado de buenas intenciones en torno a qué investigar de forma coherente con un plan país, y como ya mencioné, se ha dejado todo en manos de la renta petrolera, en la dirección de recursos sin ejecutores, y a la manutención de viejas prácticas en el desarrollo de la ciencia, tecnología e innovación. Es más, me atrevo a decir que en Venezuela hoy en día no podemos hablar de desarrollo de tecnología e innovación, cuando mucho de desarrollo científico, y no porque no haya innovaciones, sino por el hecho de que son excepciones más no la regla en la producción de conocimiento de la Venezuela de hoy. Mucho menos podríamos hablar de desarrollo de la ciencia, tecnología e innovación una vez que se ha desmantelado todo la estructura científico técnica que alguna vez se tuvo en el país.

En los últimos treinta años cómo podemos comparar el desarrollo de la ciencia, tecnología e innovación en Venezuela con otros países de la región ¿En qué áreas hemos quedado rezagados? ¿En qué áreas tenemos posibilidades de competir?

Bueno, podríamos empezar con que la ciencia, tecnología e innovación en la región podría compararse, al día de hoy, en términos de cuál sistema de ciencia, tecnología e innovación ha sido menos desmantelado que otro. Veamos hacia los principales países de la región:

Brasil recibió desde el 2016 un congelamiento en los recursos dirigidos a la ciencia, tecnología e innovación, así como la educación por los próximos 20 años, y la semana pasada se cortó en 30% los recursos dirigidos a las universidades públicas y los institutos federales, los únicos sectores que realmente investigan en ese país.

Por otro lado, en Argentina, Macri eliminó el Ministerio de Ciencia y Tecnología y lo redujo a una secretaria, lo que representó una merma significativa en los recursos dirigidos al sector. En ambos países esto ha significado una estocada a la ciencia, tecnología e innovación.

En Venezuela ya prácticamente no existe un sector encargado de desarrollar la ciencia, tecnología e innovación gracias a la nunca antes vista fuga de cerebros producto de la reducción de recursos dirigidos al sector y los principales centros de investigación como el IVIC, por ejemplo.

Yo creo que tenemos la posibilidad de competir en la tarea de recuperar un aparato científico-técnico capaz de ayudar a reconstruir y prácticamente crear desde cero un aparato productivo para el país. Y esto amerita que tanto el Estado como la comunidad científica aprendan de errores pasados y que con madurez puedan sentarse a dialogar y a construir en conjunto como actores importantes que son.

¿Cómo evalúa el impacto de la “fuga de cerebros” que ha producido la crisis económica para el estado de la investigación en ciencia, tecnología e innovación en el país? ¿Puede la diáspora venezolana llegar a convertirse en un factor de comunicación entre la investigación global y la que se hace en el país o por el contrario es la mayor pérdida de capital humano en la historia del país y posiblemente de la región?  

Habría que estudiarse a fondo, si es que ya no hay datos al respecto, sobre la cantidad exacta del capital humano vinculado a ciencia, tecnología e innovación que ha salido del país. Sin duda, en la historia hasta hoy estudiada sobre el sector, si bien ya se había dado este fenómeno de la “fuga de cerebros”, nunca se había expresado en la magnitud en que hoy estamos presenciando, y de la que formo parte. Es una pérdida, sin duda.

Puede que en esa pérdida aún quedemos algunos pocos, primero, estudiando y desarrollando carrera científico-técnica; y segundo, que estemos tejiendo redes de intercambio de conocimiento o construcción de conocimiento con otros países, lo que podría traducirse en un factor importante de comunicación global.

Pero aun así, la cantidad de recursos que el Estado venezolano invirtió en, por ejemplo, un estudiante del IVIC que hizo maestría y doctorado y se fue a algún país en Europa a ganar en euros difícilmente va a conseguir recuperarlo. Se necesitaría de una oferta extraordinariamente atractiva para los investigadores que aún quedan fuera del país para volver a trabajar en Venezuela.

Haciendo un análisis prospectivo y realista ¿Cuáles serían los pilares de una política en ciencia, tecnología e innovación capaz de ayudar al país a salir de la crisis económica?

Actualmente estamos en una paradoja. Necesitamos del desarrollo de la ciencia, tecnología e innovación para impulsar una reconstrucción de la economía y la sociedad en general venezolana, y para ello se necesitan de recursos económicos significativos que no tenemos para restablecer el sector de la ciencia, tecnología e innovación, actualmente desmantelado.

Yo apostaría a que en la medida que podamos salir del atolladero económico en que nos encontramos, y poder contar con un presupuesto nacional, dirigir recursos a rescatar las estructuras de desarrollo científico que ya tenemos, me refiero a centros de investigación como el IVIC, el INTEVEP y las universidades públicas en general, para simultáneamente llamar a la vinculación de las áreas bien desarrolladas en estos entes, como la química, la biotecnología, y la computación, para así comenzar a producir conocimiento que vaya en sentido de resolver problemáticas propias de la nación y la región, y a su vez en estrecho vínculo con la dinámica científico técnica o tecnocientífica global, estudiar las potencialidades y limitaciones que tengamos en áreas como las de inteligencia artificial, manejo de datos, automatización de servicios y gobernanza de los mismos, es decir, control y regulación de datos, algoritmos e inteligencia artificial, problemas que vienen siendo ampliamente estudiados y son considerados ciencia de frontera.

Esto implicaría a su vez, generar un programa de incentivo para el retorno del capital científico que ha salido del país, tarea nada fácil, una vez que se compite, en muchos casos, con condiciones del trabajo de un investigador europeo. Otro cuento es el tratar de convencer para el retorno de los investigadores que se han quedado en la región donde las condiciones tanto en el sector ciencia, tecnología e innovación como en las universidades públicas ha venido mermando y a veces se ha colocado al borde de la extinción.

Por último y no menos importante, se requeriría que empezáramos a ver la política de la ciencia, tecnología e innovación como un medio que se vincula directamente con la política económica, la agrícola, la de salud y la educativa, por mencionar las más centrales, y que se empiece a construir planes de reestructuración del país basándonos en una relación estrecha con los demás sectores. Es decir, comprender de forma sistémica la planeación, implementación y evaluación de la política pública venezolana.

 


* Sus temas de interés y desarrollo científico son: Ciencia y Poder, Ciencia y Política, Automatización de la política, Propaganda Computacional, Uso de la tecnología con fines políticos (Political Bots), Gobernanza de la Internet, Gobernanza de algoritmos


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