CLAUDIA LÓPEZ: ¿UN REVIVAL DE LA POLÍTICA EN COLOMBIA?

CLAUDIA LÓPEZ: ¿UN REVIVAL DE LA POLÍTICA EN COLOMBIA?

Claudia López es la actual alcaldesa de Bogotá. Asumió funciones el primero de enero del año en curso después de haber ganado los comicios electorales el pasado 27 de octubre de 2019 con 1.108.541 votos que representan un 35,21% del total, tres puntos porcentuales por arriba de Carlos Fernando Galán Pachón, quien con 1.022.362 votos obtuvo 32,48%, el segundo lugar en las votaciones. Con este resultado Claudia López gana lo que es considerado el segundo cargo de elección popular más importante del país.

¿Por qué es importante la victoria de Claudia López?

Ser mujer en un mundo organizado por el pensamiento masculino no es fácil. A lo largo de la historia las mujeres han tenido que protagonizar luchas para conquistar los derechos de los que gozan, generalmente estos eran concedidos primero a los hombres (sin mencionar que otros siguen en discusión como los derechos sexuales y reproductivos),  de hecho, un reciente informe del Banco Mundial expone que las mujeres, en promedio, acceden a un 75% de los derechos que tienen los hombres, en América Latina el porcentaje más bajo lo obtuvo Surinam con 66,3% y Perú el más alto con 95%. Aun cuando las cifras han cambiado positivamente desde la última mitad del siglo pasado, las brechas de género siguen siendo amplias.

Las revoluciones femeninas han servido para que exista una mayor apertura a la participación femenina en espacios que antes eran exclusivamente masculinos, no obstante, esta apertura se ha dado de forma muy lenta y desigual. Existen esferas en donde ha habido mayor aceptación y otras que siguen siendo preponderantemente masculinas, la política es una de ellas. En América Latina la historia de la participación femenina en la política es reciente: el primer país de la región en permitir que las mujeres votaran fue Uruguay en 1927 y el último Paraguay en 1961. En Colombia se reconoció el derecho de las mujeres a votar en el año 1954 y pudieron ejercerlo en 1957, 21 años después que los hombres quienes podían hacerlo desde 1936. En el año 1955 dos de las mujeres que lideraban el movimiento sufragista en Colombia obtuvieron cargos políticos aunque por periodos muy breves  y no fue sino hasta el año 1990 cuando a través del decreto 1398 se normativizó su elegibilidad para cualquier cargo público o privado.

A exactamente 30 años de esta posibilidad, Claudia López gana el segundo cargo de elección popular más importante en Colombia y se convierte en la primera mujer en hacerlo en un contexto nacional que está lejos de ser el deseable en términos de igualdad de género. De acuerdo con datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil de Colombia, para las elecciones 2019-2023 se postularon 781 mujeres para alcaldías (17,7%), frente a 4406 hombres (82,3%), finalmente solo 2 mujeres resultaron ganadoras, Claudia es una de ellas. En un país con un padrón electoral donde las electoras potenciales superan en más de un millón a los electores, se hace importante distinguir entre niveles de participación, de representación y de decisión política, pues aunque las mujeres sean potenciales participantes eso no se traduce en mayores espacios de representación o decisión política.

¿Qué hay detrás de los datos?

Los datos revelan información empírica clave para indagar en las cosas que hacen posible esta realidad. La historia mundial da cuenta de un patrón opresor desde el sexo masculino hacia el femenino que en la cultura occidental se repite y que a través de las distintas instituciones sociales reprodujo y continúa reproduciendo esquemas que promueven esta desigualdad. El individuo ordena y representa su mundo a través de la cultura, la cultura latinoamericana, al igual que la de otras regiones occidentales tiene arraigados rasgos machistas. Un estudio realizado por José Miguel Salazar titulado  ¿Identidad latinoamericana? aplicado en distintos países de Latinoamérica arrojó que todos los países que conforman la región considera el machismo como uno de los atributos característicos tanto de la autopercepción de su nación, como de la autopercepción del “ser latinoamericano”, si esta información la cruzamos con datos empíricos: cifras de violencia de género, feminicidios, brechas salariales, profesionales, etc. encontramos que la evidencia conclusiva.

La psicóloga Virginia Valian en su libro ¿Por qué tan lento? El avance de la mujer explica cómo actúan los “esquemas de género” en la sociedad, haciendo que los hombres sean sobreestimados y las mujeres subestimadas en algunas esferas de la vida y cómo esto repercute en la sociedad. La autora señala la “invisibilidad” de estas barreras, por lo que, aunque los hombres y las mujeres se autoperciban como igualitarios y estén convencidos de que lo son, existen esquemas que operan de forma invisible en sus percepciones y que se manifiestan en pequeñas acciones casi siempre inconscientes que inciden directamente en la profundización de esta desigualdad. Esta podría ser una respuesta a la subrepresentación política de las mujeres en un país que potencialmente tiene 1 millón más de electoras que de electores.

Si bien el machismo es transversal en todas las esferas de la vida, en este caso nos ocuparemos de revisarlo en el campo político. La política es concebida en el imaginario colectivo como un espacio de combate, de táctica y estrategia, de poder y fuerza, como un campo que hace parte del mundo de las ideas por lo tanto del mundo masculino, esta imagen hace que tanto hombres como mujeres de forma consciente o inconsciente reproduzcan este esquema y tiendan a sentirse más cómodos con figuras masculinas ocupando estos puestos. La victoria de Claudia López rompe con este esquema, sin embargo, Claudia no gana por ser mujer.

Claudia López no gana por ser mujer

Si bien el triunfo de Claudia López es un triunfo simbólico (no solo para las mujeres, sino para los hombres también, porque una sociedad más igual no es una necesidad exclusivamente femenina), su victoria no reposa en el hecho de que sea mujer o de que sea lesbiana. No es un tema de género, las capacidades profesionales de las personas trascienden el sexo. Claudia no hizo de su condición femenina, ni de su orientación sexual un ícono de su campaña para aglutinar votos mediante la segregación, por el contrario, estuvo enfocada en solucionar problemas concretos en relación con la movilidad, la seguridad, la violencia, la corrupción, el respeto por el medio ambiente y la educación gratuita. Por supuesto que su programa incluye el tema de la igualdad de género al igual que los programas de otros candidatos, pero no fue su bandera.

Su carrera profesional, su carrera en la política, su agresiva lucha contra la corrupción, su participación en la revelación del escándalo de la parapolítica colombiana la han convertido en un actor que representa el deseo de las mayorías: el retorno de lo político.

Su candidatura y su triunfo fueron posibles debido al clima político de Bogotá para las pasadas elecciones. Haciendo seguimiento a la campaña de los cuatro candidatos se puede decir que hicieron política en el sentido más bello de la palabra, no cayeron en la politiquería habitual chismosa de la región, ninguno de sus competidores la atacó por su sexo o por su orientación sexual, los medios de comunicación líderes tampoco hicieron énfasis en ello y esto hizo posible su triunfo. Las diferencias están allí, a los ojos de todos ¿Pero son realmente importantes?

Al parecer cuando se hace política es posible no solo desafiar los esquemas de género, sino algo tan importante en la actualidad como recuperar la confianza de los electores. Por primera vez en la historia de Bogotá se registró la tasa más baja de abstención, con 3.219.343 electores el porcentaje de participación se ubicó en 55,03% siendo también la primera vez que dos de los candidatos obtienen más de un millón de votos.

En medio de la crisis que atraviesa la democracia como sistema político, con tan poca confianza que tienen los ciudadanos en los gobiernos, en las instituciones, en los mecanismos políticos convencionales para resolver los problemas sociales, en medio del contexto colombiano y regional, lo que está ocurriendo en Bogotá a nivel político se convierte en un hecho esperanzador y referente para pensar la política desde otras latitudes.


Valian, V. (1999). Why so slow? The advancement of women. MIT Press: Londres.

Salazar, J. (2002). ¿Identidad latinoamericana? en Salazar, J. (Comp). (2002) Identidades nacionales en América Latina. Fondo Editorial de Humanidades: Caracas.

Crissia Contreras

Crissia Contreras. Cofundador y co- director de Revista Florencia. Director de Comunicaciones en Laboratorio Estratégico  y Director General en Studio en llamas. Estudiante de Sociología en la Universidad Central de Venezuela (UCV) con interés en comunicación política.

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