EL CONFLICTO EN LA RD CONGO Y EL FRACASO DEL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO

EL CONFLICTO EN LA RD CONGO Y EL FRACASO DEL DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO

Actualmente la República Democrática del Congo (RDC) es escenario de dos epidemias, un conflicto armado de más de veinte años y, como el resto del mundo, una pandemia. Todo al mismo tiempo.

Entre 2019 y lo que va de 2020 más de dos mil personas han muerto a causa de tres enfermedades cuyas curas aún no han sido descubiertas y sin embargo, no se compara con la cantidad de personas que mueren a diario por el conflicto armado en el que se encuentra atrapado este país desde 1997. Siendo incluso, este último, la causa principal de los rebrotes de dos epidemias antes erradicadas y de la cada vez más latente dificultad para combatir el nuevo coronavirus.

No hace más de un año que la Organización Mundial de la Salud (OMS) había declarado erradicada la epidemia de ébola en África cuando un nuevo rebrote el 1° de junio de 2020 agrava el panorama de la RDC, nación donde se sigue combatiendo el mayor brote de sarampión del mundo, conjuntamente a la aparición de COVID-19, colapsando un sistema sanitario de por sí deficiente.

Bien es sabido que el ébola presenta tasas de contagios más bajas que el nuevo coronavirus, ya que es transmitido por contacto directo con los fluidos corporales (entiéndase estos como sangre, heces, orina, saliva, vómito, sudor, moco, semen o leche materna) de una persona o animal contagiado; su tasa de mortalidad es mucho más alta oscilando entre el 50% y 90%. Aunado a todo esto, los síntomas son bastantes similares a los de COVID-19: fiebre alta, debilidad muscular, dolor de cabeza y de garganta…; dificultando su pronta detección y, a su vez, su transmisión. Los síntomas suelen aparecer entre las siguientes dos a tres semanas de haber sido contagiado. Por lo que el portador, al igual que el COVID-19, podría estar infectando sin saberlo.

Desde noviembre de 2019, existe la ervebo, la vacuna contra el ébola, que si bien ha tenido una eficacia en el 80% de los casos que han sido vacunados, sigue manteniendo hasta el día de hoy una licencia condicional “bajo un Protocolo de acceso de ‘uso compasivo’ para proteger a las personas con mayor riesgo de infección, como los trabajadores de la salud o las personas que han entrado en contacto con pacientes infectados o contactos de contactos, según una estrategia de vacunación en anillo”[1] de la Agencia Europea de Medicamentos (AEM).

Por el mismo lado, la transmisión del sarampión ocurre al igual que la del coronavirus, es decir por contacto directo con una persona enferma, y también ataca los pulmones, como al cerebro, poniendo en riesgo la vida de aquel que lo contrae. Los primeros días de incubación el sarampión no muestra ningún indicio de síntoma, siendo el más característico el sarpullido en el cuerpo. Por ende, al igual que el ébola y el COVID-19, una vez más, nos encontramos en presencia de una enfermedad que puede ser transmitida sin conocimiento del portador. Para el sarampión existe la vacuna SPR (también conocida como triple vírica porque protege contra el sarampión, la rubéola y las paperas) que se aplica en el brazo izquierdo de los infantes.

Según el Boletín Semanal sobre Brotes y Otras Emergencias n°51 de la OMS con fecha del 22 de diciembre de 2019, durante todo el año pasado en la RDC se habrían registrado 3.240 casos confirmados de ébola (más 118 probables), de los cuales 2.224 fueron fatales. Estamos hablando de una tasa de mortalidad del 65%[2]. En cuanto a la pandemia COVID-19, para junio de 2020 se han registrado 3.195 casos en toda el país, 72 de ellos mortales[3]. Para la misma fecha, se habrían detectado 6 casos de ébola en la provincia de Équateur (3 confirmados y 3 probables), de los cuales 4 fueron letales[4].

No obstante, estas tres enfermedades ocupan un segundo lugar cuando se compara con las ejecuciones y asesinatos arbitrarios por parte de los grupos armados que tienen tomado el oeste del país (principalmente las provincias de Ituri, Kivu Norte y Kivu Sur que es donde se encuentran las principales minas de oro). En su último informe sobre el conflicto armado en la RDC de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), entre enero y junio de 2020 1.300 personas murieron en manos de grupos armados (267 mujeres y 165 niños), “tres veces más que en el mismo período de 2019”[5].

Este aumento demuestra no sólo el deterioro de la situación sino también la falta de acciones realmente eficientes y la poca voluntad internacional para garantizar los derechos humanos de la población congoleña que sigue viviendo atormentada por una violencia cada vez más sistemática. Otro recordatorio de que, indudablemente, vivimos el clímax del fracaso del Derecho Internacional Humanitario.

La violencia que azota la RDC ha obligado a más de medio millón de personas a desplazarse internamente, abandonando sus hogares, sus pertenencias, muchas veces siendo separados de sus familiares y contribuyendo a la propagación de las enfermedades anteriormente mencionadas.

Ahora bien, ¿cómo afecta el conflicto armado en la propagación de estas tres enfermedades?

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) los desplazamientos internos y los constantes movimientos de refugiados solicitando asilo en los países vecinos han sido factores determinantes en el rebrote del sarampión en el país. El conflicto ha imposibilitado la importación y comercialización de la vacuna dentro del territorio congolés, bien sea el ocupado por las fuerzas rebeldes como aquellos controlados por el gobierno consolidando la escasez de la vacuna, lo que, a su vez, actúa como un efecto dominó en el agravamiento de toda la situación: en primer lugar, millones de niños no están recibiendo las vacunas necesarias para prevenir tanto el ébola como el sarampión; y en segundo lugar, la mayoría de los niños no tienen acceso a la atención médica una vez que han contraído el virus, incrementando las probabilidades de que se complique la enfermedad.

No cabe duda de que el panorama al que se enfrenta la RDC es complejo. El conflicto armado sumado a la crisis sanitaria y alimentaria no contribuyen ante la baja (cuasi nula) respuesta que los organismos internacionales competentes han demostrado en los últimos años.

En 2018 el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) suministró alrededor de 8,6 millones de dosis de vacunas contra el sarampión[6]. Reiterando la información brindada tanto por el UNICEF como por la OMS dicha vacuna requiere dos dosis por persona, por lo tanto, se puede suponer que se entregaron 4 millones de vacunas efectivas en un país cuya población es de aproximadamente 84 millones de habitantes. Todo esto justificado bajo el pretexto de que faltan fondos: “La OMS advirtió de que la falta de fondos está siendo un “impedimento enorme” para paliar el brote y estimó que se necesitan unos 40 millones de dólares adicionales para financiar la asistencia médica y la extensión del plan de vacunación durante los próximos seis meses.”[7]

La marcada violencia de los grupos armados, bien sea de rebeldes o del gobierno, se vio incrementada cuando en 2019 el personal médico internacional denunció ataques tanto a los centros de salud como amenazas en contra de sus personas. “Mi equipo fue atacado por hacer nuestro trabajo”, declaró el Dr. Pascal Vahwere, un médico que trabajaba combatiendo el ébola en agosto de 2019 en el oeste del país, dejando en evidencia la poca seguridad brindada por parte de los organismos que asignan a estas tareas al equipo médico, quienes están no solo poniendo en riesgo sus vidas ante el contagio de cualquiera de estas enfermedades, sino también ante la inseguridad propia de un territorio en guerra.

Por otro lado, los niños son las mayores víctimas de toda esta situación siendo los más vulnerables a contagiarse tanto de ébola como de sarampión y de ser separados de sus familias durante los desplazamientos internos. Según la UNICEF desde el rebrote de sarampión en 2018 “los niños menores de cinco años representan el 74% de las infecciones y casi el 90% de las muertes”[8]. Asimismo, en 2019, más de siete mil infantes fueron separados de sus familias y aproximadamente 2.500 ahora son huérfanos, quedando completamente desprotegidos e indefensos ante la posibilidad del reclutamiento forzoso de las fuerzas armadas y convertirse en niños soldados. Esto sin mencionar que son los primeros afectados por la desnutrición y la explotación sexual.

Pese a los esfuerzos de la comunidad internacional esta sigue fallando en su intento de poner fin a una guerra que ahora convive con otra realidad sanitaria. Quizás sea hora de cambiar la estrategia, de dirigirla hacia una meta de bienestar común en donde los derechos humanos de los congoleses sean garantizados por primera vez tras casi treinta años de atropellos. Sin embargo, la verdadera pregunta cuya respuesta desconocemos: ¿es, en efecto, la paz congoleña su objetivo?

La constante violencia, angustia y la crisis sanitaria que protagonizan estas tres enfermedades mortales han hecho de la RDC un escenario sin precedentes, cuya comunidad ha sido obligada a ser testigo, recordándole al resto del mundo que, en definitiva, el COVID-19 no es la peor amenaza a la que nos enfrentamos.


[1] Organización Mundial de la Salud, Luz verde a una segunda vacuna contra el ebola en la República Democrática del Congo para complementar la «vacunación en anillo», https://www.who.int/es/news-room/detail/23-09-2019-second-ebola-vaccine-to-complement-ring-vaccination-given-green-light-in-drc

[2] Datos tomados del Boletín Semanal sobre Brotes y Otras Emergencias n°51 en https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/330302/OEW51-23122019.pdf, p.4

[3] Datos tomados de Detectado un nuevo brote de ébola en el noroeste de la República Democrática del Congo. El equipo OMS de refuerzo apoya la respuesta en:https://www.who.int/es/news-room/detail/01-06-2020-new-ebola-outbreak-detected-in-northwest-democratic-republic-of-the-congo-who-surge-team-supporting-the-response

[4] Ídem.

[5] Mil trescientos civiles fueron asesinados en la RDC en los ocho últimos meses, afirma Bachelet en: https://www.ohchr.org/SP/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=25928&LangID=S

[6] Datos tomados de República Democrática del Congo: el brote de sarampión deja más de 4.000 muertos mientras UNICEF vacuna y lleva suministros a miles de niños en: https://www.unicef.es/prensa/republica-democratica-del-congo-el-brote-de-sarampion-deja-mas-de-4000-muertos-mientras#:~:text=Desde%20enero%2C%20se%20han%20registrado,el%2090%25%20de%20las%20muertes.

[7] Más de 6.000 muertos, la mayoría niños, por un brote de sarampión en el Congo en: https://www.lavanguardia.com/internacional/20200107/472780591845/6000-muertos-ninos-brote-sarampion-congo.html

[8] Datos tomados de República Democrática del Congo: el brote de sarampión deja más de 4.000 muertos mientras UNICEF vacuna y lleva suministros a miles de niños en: https://www.unicef.es/prensa/republica-democratica-del-congo-el-brote-de-sarampion-deja-mas-de-4000-muertos-mientras#:~:text=Desde%20enero%2C%20se%20han%20registrado,el%2090%25%20de%20las%20muertes.

Aixa Norely Vivas Barrios

Historiadora de la Universidad Central de Venezuela, mención Universal, con especialización en Historia Contemporánea de África de la Universidad de São Paulo. Autora del libro titulado Niño soldado: Fotohistoria de una infancia interrumpida (Casos del África Subsahariana), publicado en 2018.

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