LA TORMENTA PERFECTA DE SUDAFRICA

LA TORMENTA PERFECTA DE SUDAFRICA

A principios de los años 90 del pasado siglo, el régimen racista del apartheid fue abolido. Las políticas que establecían la segregación racial en favor de la minoría blanca desaparecieron, y el liderazgo de Nelson Mandela llenaba de esperanza un país en el que el 90% de la población había pasado décadas (o siglos, más bien) en la más absoluta marginación.

Sin embargo, treinta años más tarde, esa esperanza se ha ido convirtiendo en frustración. La economía está estancada, la pobreza extrema atrapa a una quinta parte de la población, el paro se acerca al 30% y la enorme brecha racial vuelca aún el peso de la miseria sobre los hombros de los negros1. No en vano, Sudáfrica es el país más desigual del mundo, con un índice de Gini que supera holgadamente el 0.6. Colombia, el segundo en la lista2, no llega al 0,5, y Estados Unidos, apenas al 0,4 (siendo 1 el mayor grado posible de desigualdad, en el que un solo individuo tiene todos los recursos)3.

En este escenario, el régimen político parece estar resintiéndose. La participación electoral disminuye cada año, y el Congreso Nacional Africano, partido hegemónico desde que en 1994 Madiba lo llevara al gobierno, ve cómo su monopolio puede resquebrajarse a consecuencia del descontento social con la precariedad y la corrupción.

Para entender la situación actual del país, en este artículo voy a tratar las dos cuestiones que considero más importantes desde un punto de vista económico: la desigualdad, para entender cómo se distribuyen los recursos existentes, y la trampa de la renta media, para aclarar el porqué del estancamiento de la producción total nacional.

La desigualdad

La inequidad en Sudáfrica se hace notar en diferentes ámbitos. A la fuerte brecha racial y de clase se le unen otra gran fractura entre el mundo rural y el urbano y una clara diferenciación interregional que refleja cómo unas partes del país están más desarrolladas que otras, coincidiendo las primeras, claramente, con las zonas habitadas por la minoría blanca.

Aunque la población negra constituye el 80% del total del país, está concentrada principalmente en su mitad oriental. En la occidental, en cambio, los mestizos (“coloured”) y los blancos forman mayoría.

Resulta esclarecedor ver, por ejemplo, un mapa de la proporción de alojamientos con acceso a saneamiento, en la que se puede ver una fuerte diferencia entre provincias.

Imagen 1. Proporción de viviendas con acceso a sistemas de saneamiento.

En un país en el que la pobreza extrema aún alcanza a 1 de cada 5 ciudadanos y la pobreza relativa supera el 50%, es especialmente importante ilustrar cómo se distribuye esta escasez material entre los diferentes grupos étnicos.

Dividiendo a la población en 5 categorías según nivel económico (pobre crónico, pobre transitorio, vulnerable, clase media y élite) y según los 4 principales grupos raciales (negro, mestizo, indio/asiático y blanco), la imagen 2 muestra cómo los habitantes negros monopolizan prácticamente las tres primeras categorías, especialmente la de pobreza crónica, al mismo tiempo que los blancos ocupan la inmensa mayoría de la élite y una parte notable de la clase media, a pesar de no llegar a constituir un 10% del censo nacional.

Imagen 2. Proporción de viviendas según clase social y grupo de población.

Los mestizos, en cambio, tienen una presencia pareja a lo largo de las diferentes clases, mientras que los indios/asiáticos solo se hacen notar a partir del nivel de clase media.


Nótese que, a efectos de este artículo y debido a la definición que hacen los informes existentes relativos a Sudáfrica, el grupo “clase media” alberga aquí a todos aquellos ciudadanos que escapan a la pobreza y al riesgo de caer en ella pero no forman parte de la élite. Siguiendo este criterio tan abierto, la gran mayoría de los habitantes de las naciones desarrolladas e incluso de las de desarrollo medio podrían pertenecer a esta categoría, lo que hace más impactante aún que su tamaño sea tan reducido aquí.

No obstante, el tamaño de las diferentes clases sociales está cambiando, si bien a un ritmo muy lento, aumentando esta clase media y el grupo vulnerable a costa de los pobres crónicos, como puede verse en la imagen 3.

Imagen 3. Tamaño de las clases socioeconómicas entre 2008 y 2017.

Esta transformación de la estructura de clase se debe a dos principales factores: las transferencias gubernamentales, que se estima que han contribuido a la reducción del índice de Gini en un 10,5% (Sulla y Zikhali, 2018), y la prima salarial derivada de la educación universitaria, entendida ésta como el incremento de ingresos que garantiza la posesión de un título universitario.

No obstante, el acceso de la Sudáfrica negra a la universidad sigue hoy en día muy limitado, principalmente por cuestiones económicas, por lo que las oportunidades educativas aún son una herramienta muy débil para el ascenso social para este grupo, situación particularmente nociva en un país en el que el nivel educativo de los padres afecta a los ingresos de los hijos incluso más que la raza (Sulla y Zikhali, 2018). La educación superior, por tanto, corre el peligro de seguir siendo una reproductora de las desigualdades si no se implementan políticas dirigidas a involucrar a la población negra pobre y vulnerable.

Imagen 4. Nivel máximo educativo según grupos sociales.

Por tanto, vemos que la menor disponibilidad de recursos se concentra en la población negra que, además, tiene escasos mecanismos para salir de esa situación. No solo por la difícil movilidad intergeneracional, sino también por la inequidad geográfica del país, que impide hasta cierto punto que los sectores más castigados por la situación actual encuentren oportunidades laborales en la zona en la que viven.

Estas brechas sociales que tienen una clara plasmación geográfica se traducen también al ámbito electoral, donde vemos que el patrón de voto apenas ha cambiado desde 1994.

Imagen 5. Resultados de las elecciones a la Asamblea Nacional de 2019.

Como puede verse en el mapa, el CNA es mayoritario en gran parte del país, si bien en la mitad occidental, principalmente las provincias de Western Cape y Northern Cape, lo supera el centrista Democratic Alliance, bastión de los blancos anti-apartheid y los mestizos.

Las implicaciones de esta dinámica electoral auguran pocos cambios a corto plazo, en vista de la superioridad demográfica de los negros y su lealtad al CNA. A pesar de la buena situación de Democratic Alliance en el oeste y en Gauteng (provincia más poblada de todo el país aun siendo la menor en tamaño, desde donde se emite el 25% de todos los votos) o de la fuerza concentrada del partido zulú IFP en Kwazulu-Natal, no hay serios motivos para pensar que la situación política sudafricana experimentará grandes cambios, al menos a través de procesos electorales.

Si esto es lo que sucede con respecto a la distribución de los recursos, veamos ahora lo relativo al nivel general de producción y al porqué de su parálisis

La trampa de la renta media

Este concepto, expuesto por Indermit y Haras (2008), hace referencia al estancamiento en el que se encuentra la mayoría de los países de ingreso medio, que después de haber experimentado décadas de crecimiento económico y dejado atrás en gran parte la pobreza, no son capaces de seguir avanzando y llegar a la categoría de ingresos altos.

Esta categorización de los países según niveles de desarrollo la hace el Banco Mundial, que actualiza cada año sus cifras de referencia del PIB per cápita para cada subgrupo. Actualmente, se considera que un país entra a la categoría de ingreso medio-bajo a partir de los 1.036 dólares, medio-alto a partir de los 4.045, y alto desde los 12.535 en adelante (según el método Atlas en dólares estadounidenses corrientes).

Según los que acuñaron esta “trampa”, el razonamiento que explica el porqué de esta tendencia es el siguiente:

  1. Salvo los países occidentales, el mundo ha comenzado a alcanzar ciertas cotas de desarrollo en el último medio siglo4, con el auge de la globalización.
  2. La propia globalización, en la medida en que tiende a aumentar las conexiones entre los factores de producción de todo el planeta, refuerza una división internacional del trabajo que afecta asimétricamente a los mercados laborales nacionales.
  3. Así, los países desarrollados se ven beneficiados por una posición privilegiada en la cadena de valor global, y aumenta en ellos la demanda de bienes y servicios de alto valor añadido.
  4. Los países menos desarrollados, al mismo tiempo, se van convirtiendo en puertos de mano de obra barata e intensiva y se sitúan en el extremo inferior de la cadena de valor, aunque experimentando unos aumentos de la demanda internacional que les permiten mejorar sus ingresos.
  5. Conforme se consolida tal división del trabajo, las clases trabajadoras de los países que van consiguiendo entrar ya en una fase intermedia de desarrollo logran mejoras salariales y un nivel de vida más alejado de la mera subsistencia.
  6. A falta de una parte importante de la fuerza de trabajo preparada para un salto cualitativo de la estructura productiva (tener un gran número de ingenieros o empresas a la vanguardia tecnológica mundial, por ejemplo), el coste de producción en estos países aumenta más que su productividad, lo que reduce su competitividad a escala internacional y desacelera el crecimiento. El país se vuelve incapaz de competir en trabajo poco cualificado y, al mismo tiempo, no tiene una población formada y preparada capaz de jugar en las ligas de los países desarrollados, quedando en un limbo en el que no destaca en nada.

Si observamos la imagen 6, vemos cómo claramente Corea del Sur despega en los años 80 del pasado siglo para entrar de lleno en la categoría de país desarrollado en los años 2000. Brasil y Sudáfrica, mientras tanto, atraviesan crecimientos mucho más moderados que, en la última década, han pasado incluso a disminuir. China, por otra parte, parece estar siguiendo el patrón de Corea dos décadas más tarde y, a pesar de estar aún entre los países de ingreso medio, se espera que salte de categoría en el próximo lustro (Cai, 2010).

Imagen 6. PBI per cápita de la República de Corea, Brasil, China y Sudáfrica (método
Atlas, dólares corrientes).

Tanto Corea como China son ejemplos claros de desarrollo basado en un proteccionismo estratégico y una apuesta por la tecnología. Si bien China es aún en gran parte la fábrica del mundo, destacando por su mano de obra barata e intensiva, está consiguiendo subir de división rápidamente y transformándose en una nación innovadora y a la vanguardia de la modernización.

Los efectos demográficos de estos aspectos son enormemente importantes. Una adecuada modernización que prepare a una parte amplia de la población para estar a la altura de los países más competitivos en la sección más alta de la cadena de valor global es fundamental. No solo para garantizar demanda de bienes y servicios caros que potencien el PIB, sino también para crear todo un estrato de profesionales y medianos empresarios que constituyan la clase media. A mayor la clase media, mayor la demanda interna de productos de más calidad y más sólido el mercado interior, menos dependiente de las
exportaciones.

En el caso sudafricano, vimos más arriba que la clase media es aún marginal, creciendo muy lentamente (del 19,2% de la población en 2008 al 22,4% en 2017). Además, salvo para los blancos, el porcentaje de personas con formación superior o universitaria es muy bajo.


Encima, el alto nivel de paro (del 28%) crea un círculo vicioso según el cual el gran desempleo tira los salarios a la baja, desincentivando la inversión en formación de los trabajadores y en el llamado “capital humano”, lo cual reincide en que éstos no tengan acceso a posiciones de mejores salarios, que a su vez lleva a una menor demanda interna nacional y así dificulta tanto la emergencia de la clase media como la creación de un mercado interno capaz de absorber a los desempleados.

Así, Sudáfrica constituye el ejemplo perfecto del bucle en el que la trampa de la renta media sitúa a los países, y uno de los casos más graves. Es, junto con Namibia, Colombia y Perú, la economía del mundo que más ha tardado en pasar de ingreso medio-bajo a medio-alto, superando los 60 años (Felipe et al., 2012). Y su tímido crecimiento económico actual, de apenas un 1,6% interanual de media en la última década, amenaza con ver una evolución negativa del PIB per cápita a poco que la población mantenga su ritmo de aumento5.

La tormenta perfecta sudafricana combina así una desigualdad económica sin parangón, un alto nivel de pobreza, una brecha racial que reproduce al detalle los efectos del apartheid, un estancamiento económico que no muestra signos de despegue y un inmovilismo político, alimentado por la hegemonía del CNA, que si bien está siendo fundamental para la implementación de políticas de alivio directo de la pobreza extrema, podría estar también entorpeciendo la toma de decisiones que sacarían a la nación del arcoíris del atolladero.


1 Datos extraídos de las fuentes estadísticas del Banco Mundial. Ver en https://datos.bancomundial.org/
2Los coeficientes de Gini pueden variar según las fuentes y mostrar otro orden de países.
3 Datos extraídos de SWIID. Ver en https://fsolt.org/swiid/
4 Según el PIB per cápita medido por el método Atlas, el mundo no alcanzó el ingreso medio-bajo hasta
1973.
5Ver proyecciones demográficas en https://www.populationpyramid.net/south-africa/2019/

Referencias:

Referencias:
Banco Mundial (2020). INB per cápita, método Atlas (US$ a precios actuales) – Brasil, China, Corea, Sudáfrica. Recogido de: https://data.worldbank.org/indicator/NY.GNP.PCAP.CD?locations=BR-CN-KR-ZA

Department of Statistics of South Africa (2019). Inequality trends in South Africa: a multidimensional diagnostic of inequality. Pretoria: Statistics South Africa.

Department of Statistics South Africa (2012). Census 2011. Census in brief. Pretoria: Statistics South Africa.

Electoral Commission of South Africa (2020). 2019 National and Provincial Elections. Recogido de https://www.elections.org.za/NPEDashboard/app/dashboard.html

Felipe, J., Abdon, A., & Kumar, U. (2012). Tracking the middle-income trap: What is it, who is in it, and why?. Levy Economics Institute, Working Paper, (715).

Indermit, Gill and Homi Kharas, 2008, An East Asian Renaissance: Ideas for Economic Growth, Beijing: CITIC Press Corporation (in Chinese).

Sulla, V., & Zikhali, P. (2018). Overcoming poverty and inequality in South Africa: An assessment of drivers, constraints and opportunities (No. 124521, pp. 1-148). The World Bank.

Zizzamia R, Schotte S & Leibbrandt M. (2019) Snakes and ladders and loaded dice: Poverty dynamics and inequality in South Africa between 2008–2017. SALDRU Working Paper 235, Version 1 or NIDS Discussion Paper 2019/2. University of Cape Town.

Rafael Borrego

Doble graduado en Derecho y Ciencias políticas y de la Administración por la Universidad de Granada. Cursando Máster de acceso a la Abogacía. Especializado en Economía política y Derecho internacional público.

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