¿POR QUÉ EL DÓLAR PARALELO SIGUE EN ASCENSO EN VENEZUELA?

¿POR QUÉ EL DÓLAR PARALELO SIGUE EN ASCENSO EN VENEZUELA?

La razón por la cual el dólar paralelo continúa en ascenso es simple: por un lado, no ha ocurrido un cambio en la política fiscal que permita cerrar la brecha entre ingresos y gastos del gobierno consolidado; por otro, no se ha hecho un tratamiento integral y coordinado de la política económica, que implique avanzar hacia una reforma monetaria, de manera de poder incidir en la brecha externa, actividad económica y con ello recuperar la capacidad de pago en divisas y al mismo tiempo generar recursos para levantar el aparato productivo.

Adicionalmente, en medio del bloqueo financiero y embargo de activos, incluso antes de que ello ocurriera, no se efectuaron acciones concretas para reestructurar la deuda y con ello mitigar la influencia de la valoración financiera internacional sobre los activos venezolanos. Ahora Venezuela se encuentra en default, y son pocas las acciones que pueden llevarse a cabo, y las que se pueden, exigen tener la voluntad política para contrarrestar el bloqueo.

Si bien la política monetaria ha surtido su efecto y mantuvo relativamente estable al dólar paralelo, el incremento de las tasas de encaje legal ordinario y marginal, no son los únicos instrumentos de los que se dispone para hacer frente a la inflación, tanto en el Ejecutivo como en la autoridad monetaria. Si se combinan medidas fiscales y monetarias se pueden mitigar los efectos sobre el consumo.

El impacto de las continuas alzas en la tasa de cambio paralela sobre precios y consumo pueden mitigarse con políticas económicas combinadas. Por ejemplo, una modificación de la política tributaria o el incremento de algunas tarifas de bienes o servicios públicos pueden coadyuvar en la absorción de excedentes monetarios, con lo que al mismo tiempo se cierra la brecha fiscal.

Es por ello que el incremento del encaje legal, si bien disminuye el ritmo inflacionario, su sola aplicación restringe la capacidad de crédito de los bancos. En este caso la víctima es el crédito al consumo y con él las familias, que pierden ese grado de libertad para hacer ajustes en su presupuesto.

A quienes señalan que la economía debería tender a un cierto nivel de tipo de cambio de equilibrio, vale hacerles la aclaratoria de que en los actuales momentos eso es imposible, debido a la casi inexistente política económica, sanciones financieras y embargo comercial que limitan la entrada de divisas al país. Cualquier valor que se alcance como “de equilibrio” siempre será inestable, toda vez que la inflación no se ha controlado y en consecuencia los precios internos siguen en alza continua, con lo que al mismo tiempo no se han controlado fugas del sistema como la no centralización de remesas y la actividad económica subterránea en la frontera con Colombia.

Por otra parte, no se han creado mecanismos para atraer inversiones y no se han hecho las debidas correcciones en los mercados informales hacia lo interno de la economía, donde además se crean otras referencias de cambio con el oro y con el real brasileño, por poner dos ejemplos. Es decir, conseguir un tipo de cambio de equilibrio pasa por el hecho de que la autoridad monetaria de Venezuela pueda tener control del circulante monetario y en divisas y al mismo tiempo encamine una política monetaria para que la moneda nacional, cualquiera sea, recupere sus funciones como medio de cambio, unidad de cuenta y sobre todo reserva de valor.

Algunas de tales medidas implican acciones de fuerza, pero son medidas necesarias para poder estabilizar la economía y así recuperar una senda de crecimiento de las actividades productivas. El orden institucional y el combate a la corrupción son clave para alcanzar este objetivo, al igual que un sistema cambiario transparente que coadyuve al desarrollo y a la estabilidad.

Si bien la política monetaria comenzó a andar mediante uno de sus instrumentos “estrella”: el encaje legal; la falta de políticas en el orden de la política fiscal, impiden la estabilidad del tipo de cambio del mercado paralelo.

En ese sentido, una serie de medidas como la reforma del sistema tributario, que imponga una mayor exigencia tributaria a las altas rentas, así como regímenes de tributación especial sobre “ganancias súbitas” –producto de la hiperinflación u otros eventos– o el incremento del precio de la gasolina o la indexación de tarifas de los servicios públicos, buscarían cerrar la brecha del gobierno consolidado y ayudarían a mitigar la emisión monetaria que es altamente inflacionaria.

Por tanto, es falso que en Venezuela deba existir –en los actuales momentos– una tasa de cambio nominal de equilibrio; este solo se alcanzará con aquella tasa que minimice la brecha entre aquella que es expresión del equilibrio productivo y otra que resulta del equilibrio en el mercado de activos financieros (Ver: Entender la economía venezolana Parte I y Parte II).

En la medida que estas tasas de cambio tiendan a converger, con lo que al mismo tiempo se mantenga la tasa de inflación en niveles bajos, crecimiento del producto y disminución en la tasa del desempleo, podemos hacer referencia a una tasa de cambio nominal de equilibrio. Antes de esto sería, de alguna manera, comentarios interesados o parcializados en favorecer intereses de actores económicos o políticos.

Es por ello que, para lograr tal convergencia, las autoridades fiscales y monetaria deben hacer grandes esfuerzos en coordinación de políticas, que no solo se orienten al equilibrio fiscal y monetario, sino que además apunten a la profundización del sistema financiero con el objeto de fortalecer al sistema cambiario, reordenar la política financiera del Estado, mediante la reestructuración de la deuda y la adopción de mecanismos no tradicionales –como los esquemas de monetización de activos de reservas de recursos naturales–  y al mismo tiempo diseñar y ejecutar políticas de fomento productivo y exportaciones no tradicionales que coadyuven a la diversificación productiva.

De llevarse a cabo acciones de este tipo se tendería a alcanzar el equilibrio de la economía. Pero de no regularizarse el mercado de trabajo, en el sentido de incrementar salarios e indexarlos a patrones de productividad, medibles objetivamente, y al mismo tiempo fomentar la productividad; o de seguir con una alta dependencia sobre las importaciones, el equilibrio alcanzado seguiría estando amenazado por los desequilibrios fiscales, monetarios o de balanza de pagos, que provocarían un mayor ajuste en el mercado.

 

Por Wilfredo Parietto


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