¿EL ACUERDO DEL SIGLO O MÁS DE LO MISMO?

¿EL ACUERDO DEL SIGLO O MÁS DE LO MISMO?

Un nuevo plan para la situación Israel-Palestina fue presentado por Donald Trump el 28 de enero de 2020 poco más de dos años después de la histórica decisión de trasladar la embajada estadounidense de Tel-Aviv a Jerusalén, reconociendo así definitivamente a esta como la Capital del Estado de Israel en directa contradicción del Derecho Internacional.

El proyecto denominado “Paz para la prosperidad” es la nueva, y a la vez predecible, propuesta de la Administración Trump para la región; la cual ya había sido parcialmente develada en junio de 2019, al menos en su parte económica, en una serie de conferencias sostenidas en Bahréin, frente a los aliados estadounidenses de la región por parte de Jared Kushner, yerno del presidente norteamericano.

En esta oportunidad, el plan ha sido presentado en una conferencia de prensa conjunta con el Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en la Casa Blanca, sin presencia de ningún representante de la Autoridad Palestina, lo cual va dando pistas sobre la unilateralidad practica dentro del cual las propuestas se han desarrollado.

Un lenguaje conciliador que se desvanece en sí mismo

El documento de 180 páginas inicia con un lenguaje ambiguo y con frases que intentan mostrar una suerte de imparcialidad frente al problema, frases como “no creemos que la región este destinada a vivir en eterno conflicto” o “creemos que ambas partes ganaran más que lo que conceden”, así como hace referencias constantes a un supuesto y cercano acuerdo de paz. Sin embargo, rápidamente el documento se inclina hacia la tradicional narrativa sionista indicando que Israel tiene la amarga experiencia de ser atacado desde territorios de los que se ha retirado (88%) después de haberlos capturado en “guerras defensivas”.

A su vez, indica el plan que cualquier acuerdo de paz deberá incluir necesariamente el deseo de autodeterminación de los palestinos, pero algunas líneas después define convenientemente el concepto de Soberanía como cambiante y no estático, proponiendo una visión “pragmática” de este.

Sin reparaciones al histórico desplazamiento se consolida el Apartheid

Con respecto a los refugiados, el plan hace referencia a la cantidad total de desplazados por conflictos en el mundo e intenta equiparar, de nuevo con lenguaje muy ambiguo, una supuesta e indeterminada cantidad de refugiados judíos en la región, con el desplazamiento forzoso al cual se han visto sometidos los casi 5 millones de palestinos en la actualidad, obviando claramente la limpieza étnica que se desarrolló desde 1948 y que provocó la huida en su momento de aproximadamente 700.00 personas, así como el despojo de tierras históricamente árabes.

Además, en el “acuerdo del siglo” no hay mención a reparaciones directas, más que la posibilidad de algunas compensaciones económicas. Mientras se deja prácticamente fuera de la discusión una de las exigencias más importantes de los palestinos en aras de una eventual negociación de paz, como lo es el Derecho de Retorno.

Es decir, Paz para la prosperidad no solo ignora las demandas palestinas, sino que abiertamente avala las pretensiones más expansionistas de Israel, revindicando la legitimación y anexión sin reparos de las colonias israelíes en territorios ocupados militarmente y reconocidos por la comunidad internacional como pertenecientes a Palestina. Rompiendo las comunidades árabes, separándolas y aislándolas entré si con el ya existente Muro de Segregación.

Palestinalibre.org

El proyecto también reitera la posición estadounidense de imponer a Jerusalén con el estatus de capital de Israel y propone que en la eventual constitución de un Estado Palestino su Capital sea designada en Abu Dis, ciudad al este Jerusalén, pero fuera de sus límites y cercada  por el Muro de Apartheid.

Adicionalmente, el “acuerdo del siglo” o Paz para la prosperidad, se establece la completa anexión a Israel del Valle del Rio Jordán, hoy perteneciente a Cisjordania. Lo cual dejaría al ya sumamente fraccionado territorio palestino como un enclave dentro de la soberanía israelí, sin fronteras con el resto de la región exceptuando Gaza que limita con Egipto y el Mar Mediterráneo, pero donde recae un fuerte bloqueo comercial y militar israelí que convierte a la zona básicamente en una inmensa prisión.

El valle del Jordán y la propuesta económica del “Acuerdo del siglo”

La anexión del Valle del Rio Jordán tiene, como se mencionó antes, implicaciones políticas importantes puesto que encierra dentro del Estado de Israel a todas las comunidades palestinas en Cisjordania, la cual comprende al menos el 30% de la comunidad que se extiende desde los Altos de Golán al norte hasta la rivera del Mar Muerto en el sur. Además, representa un espacio de gran relevancia para los objetivos militares de defensa israelí que, por su geografía, permite no solo aumentar su tiempo de reacción para proteger ciudades de la costa mediterránea de ataques provenientes desde el oriente. Como si fuese poco, hablamos de un territorio rico en recursos, especialmente acuíferos, que son de vital relevancia para la región.

En este sentido, el acceso al agua es probablemente el punto de mayor conflicto en función de negociaciones y enfrentamientos por el control de la zona. En el Plan de Kushner se le concede un párrafo con contenido por demás vago en cuanto a la importancia de la distribución del agua casi de forma casual justo después de la mención a la construcción de un complejo turístico para el Mar Muerto. Este plan no hace mención al proceso de desvio de curso de ríos para mantener continuo suministro a las ilegales colonias israelíes en Cisjordania que le niegan el acceso del recurso a productores agrícolas palestinos, quienes han terminado sufriendo las devastadoras consecuencias económicas de estas prácticas discriminatorias que durante décadas han tenido la clara intención de quebrantar la ya limitada capacidad productiva palestina.

La poca atención brindada para el tema del agua en este proyecto realmente resulta poco sorpresiva, pues si bien fue uno de los puntos centrales en cada proceso de negociación previo, especialmente en el Proceso de Oslo, que fue el momento en que ambas partes estuvieron más cerca de un verdadero acuerdo de paz, la diferencia recae en que este, como se ha visto, no es verdaderamente el resultado de un proceso de negociación, de consulta o de consenso entre las partes involucradas, sencillamente porque una de las dos partes no participó en ningún sentido en su preparación.

 

Mapa conceptual del “Plan Paz para la Prosperidad” presentado por el presidente Trump

Al contario, se trata de la imposición de una agenda desarrollada por las alas más conservadoras de la derecha, tanto de Israel como de Estados Unidos, y su visión de la región que ha logrado avanzar firmemente sobre sus objetivos históricos, como nunca antes, desde que Trump asumió la presidencia estadounidense.

Las propuestas económicas del “Acuerdo del siglo” que ofrecen hasta USD $50.000 millones en inversiones han sido condenadas y rechazadas por la autoridad palestina y gran parte de la comunidad internacional calificándolas desde “intento de soborno al pueblo palestino” hasta irrealizables e inefectivas para el verdadero desarrollo económico de la región.

De igual forma, el plan prácticamente responsabiliza al denominado grupo terrorista Hamas por el desastre humanitario que sufre la población en Gaza, así como a la Autoridad Palestina y su política de compensación económica a mártires, sin responsabilizar en ningún sentido al total bloqueo comercial que ejerce Israel sobre Gaza y el control absoluto que detenta Israel sobre las importaciones y exportaciones palestinas que solo se verá exacerbado a medida de que este plan se ejecute.

Por último, el proyecto menciona un plan de modernización y creación de infraestructura, que ofrece a los palestinos dos terrenos adicionales en la zona desértica de la frontera con el Sinaí y que cuenta con propuestas de puentes y túneles que conecten las zonas aisladas del Estado Palestino, pero que se mantendrían bajo el control de seguridad de Israel, así como todo el espacio aéreo de Gaza y la reducida Cisjordania.

La intención electoral de Donald Trump y Netanyahu

Trump anunció el plan junto con el actual Primer Ministro Israelí, el cual se encontraba en plena campaña electoral y que consigue conservar el Poder a pesar de serias acusaciones y procesos judiciales en su contra por corrupción.

Al respecto, Netanyahu en el último mes hizo exagerado uso de la promesa de anexión de nuevos territorios y alardeó del apoyo que goza por parte de Estados Unidos con la intención de sumar más votos y lograr hacerse con el poder nuevamente en su país frente a una oposición israelí que si bien apoya en gran medida el proceso expansionista, propone soluciones menos agresivas que el gobierno actual.

Es por eso que el plan presentado por el yerno de Trump no termina de ser más que una fachada política para pretensiones ya puestas en marcha por un Estado de Israel que parece indetenible y que, si bien la comunidad internacional condena en los foros de diplomacia, no toma ninguna acción concreta que prevenga la progresiva desaparición de lo que queda de Palestina y su hoy virtualmente inevitable absorción por parte de Israel.

El “acuerdo del siglo” como lo ha llamado Trump desde que lo prometió en su campaña electoral, no pareciera ser más que una gran muestra de apoyo que termine de consolidar a Netanyahu y que resuelva finalmente la diatriba electoral en la que se encuentra enredada Israel que celebró su tercera elección legislativa en menos de un año y en donde Netanyahu y el centrista Benny Gantz no habían podido sacarse ventaja.

En tanto, no es sorpresa que el plan haya sido por completo rechazado por la comunidad palestina, sus aliados y gran parte de la comunidad internacional y, en cambio, aceptado vigorosamente por Israel.

Al mismo tiempo el apoyo incondicional a Israel es un argumento que resuena positivamente en el electorado estadounidense especialmente en la base de votantes que apoya a Trump y que este necesita fortalecer y consolidar de cara a las elecciones presidenciales de este año en su país, en donde además, el apoyo de los grupos de lobby sionista es fundamental.

En conclusión, estamos frente a una estrategia electoral aparentemente efectiva a costa de la prolongación y sentencia de extinción de los palestinos y sus aspiraciones históricas.


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Luis Eduardo Barrios A.

Abogado por la Universidad Central de Venezuela (UCV) y candidato a Magíster en Relaciones Económicas Internacionales por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Especialista en relaciones internacionales y geopolítica.

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