EL EVA EN LA MACROECONOMÍA: ¿QUÉ DECIR EN EL CASO DE VENEZUELA?

EL EVA EN LA MACROECONOMÍA: ¿QUÉ DECIR EN EL CASO DE VENEZUELA?

Sin duda que el avance inflacionario experimentado en la economía venezolana desde 2015 hasta 2018 –cuando se alcanzaron niveles de hiperinflación–, provocó la mayor destrucción de valor, cómo nunca antes se había vivido en Venezuela en tiempos de paz. Por mucho que, desde 2013, se reafirme la tesis de una “guerra económica” para justificar la hecatombe, durante estos últimos seis años no se ha observado la acción contundente del Estado –mediante políticas económicas efectivas– para impedir el avance del desabastecimiento y la inflación, ni mucho menos la defensa de la moneda local como ordena la constitución.

Tal como hemos venido expresando en otros artículos de opinión, la “guerra económica” no es más que la pugna distributiva por el control de la renta petrolera, administrada desde el Estado venezolano. Se trata de una lucha donde concluyen factores representantes o miembros directos de las oligarquías transnacional, tradicional (dominante durante los años 1958-1998, período de la 4ta República) y emergente (aparecida en los años 1999-2018, período de la 5ta República) [1], quienes pujan por el control político a fin de controlar las riquezas de Venezuela y con ello satisfacer requerimientos particulares, disponiendo de un sólido respaldo al momento de cualquier negociación en detrimento del bienestar del pueblo venezolano.

Además de la destrucción de valor en Venezuela, que limita la generación de empleos, la política gubernamental de control de la inflación y redistribución del ingreso se ha centrado en la brutal represión salarial –cómo nunca se había vivido–, a tal punto que entre los años 2014 y 2018 el salario real, medido a precios de 1997, se ha licuado en aproximadamente 98%[2]; lo que representa, por una parte, la transferencia de valor al sector capitalista; y por otra, la desmovilización del mercado laboral hasta el punto de provocar la expulsión del bono demográfico.

El EVA en la macroeconomía de Venezuela

De acuerdo con O. Amat (2002), el EVA (Economic Value Added), o en español VEA (Valor Económico Añadido), “permite calcular y evaluar la riqueza generada por la empresa, teniendo en cuenta el nivel de riesgo con el que opera”. En este caso, la riqueza creada o el valor añadido (ΔV) se equipara al valor de la utilizad neta (UN) descontado el costo del capital, que expresa el nivel de riesgo, multiplicado por el activo o tamaño de la inversión (A).

Al dividir la expresión entre el activo total y hacer algunos artificios algebraicos, despejando la tasa de variación del valor creado, resulta la expresión:

O de otra manera, al considerar la manera cómo se financia la inversión (At=Dt+Pt), asumiendo que la empresa se endeuda un número determinado de veces su patrimonio (DtPt), resulta la expresión:

Se obtiene en (2) que el crecimiento del valor guardará correspondencia con el retorno del activo (ROA=Ø) descontado el costo de capital (Pt), multiplicado por el inverso de la relación Valor/Inversión (λ), que en el caso de la empresa corresponde al coeficiente de ingresos brutos entre el tamaño de los activos. En el caso de la ecuación (3), e costo de capital queda ponderado por el coeficiente de apalancamiento (Dt/At) que se multiplica por la relación deuda-patrimonio.

Haciendo analogía, para efectos de la macroeconomía la relación antes descrita se puede representar mediante la correspondencia que debe existir entre la variación de producto nominal con el ahorro nacional descontado el costo de capital (Pt) –medido como media ponderada del riesgo país y el costo interno de la deuda– multiplicado por el total de activos de la economía, medido por el stock de capital –también en términos nominales, descompuesto entre factores reales y su respectivo precio. Es decir, de aquí resulta la siguiente expresión:

Luego, si partiendo de (4) asumimos como proxi de la tasa de ganancia (Tt) la relación de precios generales entre los de capital (Pt/Pk); la relación producto-capital (Yt/Ko) como σ; tomando  como ahorro nacional a la riqueza creada descontando los impuestos y el consumo –ambos tomados como proporción del producto (PkYt(1-t-c)); además de asumir al capital como un capital inicial –descontado de la depreciación sufrida (δ)– más su variación, dada por la inversión (PkKo(1-δ)+PkIt); al dividir toda la expresión entre el capital inicial (PkKo), hacer algunos arreglos algebraicos y despejando la tasa de variación del producto (ý), resulta:

Es decir, para que exista crecimiento económico y en consecuencia creación de valor que coadyuve en la sostenibilidad económica de largo plazo, la tasa de ahorro que se genera en una economía –en términos reales– debe ser positiva y suficiente para cubrir la incorporación de nuevo capital, que cubra a su vez la reposición del ya deteriorado. Por otra parte, la tasa de ganancia del capital debe ser mayor al costo de capital y la relación producto-capital lo suficientemente elevada al punto que permita un saldo positivo con respecto a la proporción de ahorro.

Por tanto, en una economía hiperinflacionaria –como la de Venezuela– la destrucción de valor es sencillamente descomunal. Esto porque la tasa de ganancia media de la economía tiende a estancarse o disminuir, con lo que la tasa de crecimiento del capital se puede asumir nula; al igual que la tasa de ahorro y la relación producto-capital que tienden a ser muy pequeñas, lo que aunado a un elevado costo de capital –que pondera a un valor de salvamento cada vez menor– dan cuenta de una tasa de crecimiento del producto real negativa y de gran magnitud.

Esta situación ha de generar un incremento significativo en la tasa de desempleo; pero, al no ocurrir el ajuste a la velocidad esperada, bien sea por razones de mitigar el costo social, se tenderá a mantener al salario en default, validando con ello la represión salarial, dado que el nivel requerido por las familias no se ajusta al mismo ritmo que avanza la inflación. Inevitablemente, el ajuste en el mercado laboral termina produciéndose, debido a la pérdida significativa del poder adquisitivo de las familias, que provoca el retiro de la oferta de trabajo hacia otras latitudes debido a la destrucción generalizada de la economía

 

Por Wilfredo Parietto


[1] Tal como reseña la profesora Carol Babroff en su artículo Venezuela. Crisis política: Problemas reales para la negociación disponible en: https://vientosur.info/spip.php?article1483.

[2] Cálculos propios realizados a partir de cifras del BCV-INE (2014), recopilación de Gacetas Oficiales, referidas a incrementos salariales, estimaciones y proyecciones propias.


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