PABLO SIMÓN: “SIEMPRE QUE LLEGA EL RETROCESO AUTORITARIO ES PORQUE EL ESTABLISHMENT ESTÁ DESACREDITADO”

PABLO SIMÓN: “SIEMPRE QUE LLEGA EL RETROCESO AUTORITARIO ES PORQUE EL ESTABLISHMENT ESTÁ DESACREDITADO”

Pablo Simón, profesor de ciencias políticas en la Universidad Carlos III, concedió a Revista Florencia una entrevista en exclusiva, en la que tuvimos la oportunidad de conversar sobre la muerte de la socialdemocracia, el electorado joven y sus votos, los sistemas de partidos actuales así como la amenaza creciente sobre la democracia, temas que se encuentran sobre el tablero político a nivel mundial y que corresponden con su línea de investigación.

También hablamos sobre el caso Venezuela y no podíamos dejar de lado  a Maquiavelo y las reglas que siguen nuestros sistemas políticos en la actualidad a propósito de la publicación de su primer libro El príncipe moderno, democracia, política y poder, en el que –entre otras cosas- reivindica el rol que juegan, en la sociedad actual, los politólogos, no tanto como políticos sino como analistas de los fenómenos concernientes a la política.

En la primera parte de su libro “El príncipe moderno; democracia, política y poder”, usted señala que en un cuadro de crisis económica, es habitual que la política cobre importancia en los ciudadanos. Sí esto es cierto ¿Por qué se insiste entonces, desde algunos sectores, en decir que hoy reina la “antipolítica”?

Creo que tenemos que discernir dos dimensiones diferentes. De un lado, la desafección política. Ese síndrome, como lo define Torcal y Montero, se da en democracias más jóvenes – casi siempre de tercera ola – y se caracterizan por combinar bajo interés por la política, pobre evaluación del desempeño de las instituciones electas y sensación de que el sistema no es receptivo a las demandas ciudadanas.

Del otro lado, el propio interés por la política, la cual tiene un comportamiento contra-cíclico, la gente se interesa cuando la cosa va mal en la economía. Por lo tanto, la crisis impacta en uno de los aspectos de la desafección, pero no en todos, porque, y esto es importante, si la crisis se traduce en apatía entonces lo refuerza. Sin embargo, cuando se traduce en aumento del interés por la política – así ha sido en Europa – la antipolítica se convierte en sinónimo de “antipolítica” establecida. Es decir, es preludio de trasformaciones en los sistemas de partidos o voto antiestablishment.

Usted es de los analistas que considera que la socialdemocracia ha muerto de éxito. De ser así ¿Cuál es el sujeto político de la izquierda democrática en un escenario donde el clásico obrero industrial ya no existe?

Tiene que moverse hacia una alianza entre dos sectores. Uno que ya les vota, que son los profesionales cualificados que tratan con terceros: médicos, maestros, profesionales liberales… Y que en general se preocupan por la redistribución. Del otro, uno al que llega con más dificultad; los sectores más precarios, atomizados y que sufren más los efectos de las crisis económicas y la inestabilidad en el empleo.

La razón por la que los primeros aún los conserva conecta hasta cierto punto por tradición y por dónde trabajan. Sin embargo, los otros sectores están más dispersos y son difíciles de articular porque ni siquiera tienen contacto entre sí y están en el sector servicios – lejos de los grandes centros fabriles. Sólo mediante esta coalición de esos dos sectores podrá ser viable electoralmente con un programa a favor de más gasto público y regulación de los mercados.

En esta misma línea, recientemente ha declarado que la socialdemocracia tiene dificultades para recuperar el voto de los jóvenes ¿Por quién vota entonces esta generación y por qué?

Votan diferente según el país. Por ejemplo, en España votan más a Podemos y Ciudadanos, en Italia el Movimento 5 Stelle es la opción preferida por los de menor edad. Además, los jóvenes votaron masivamente NO en el referéndum de Matteo Renzi. También fueron los jóvenes los que auparon la victoria de Syriza en 2014 o son la coalición electoral prevalente que explica la mejora electoral de Jeremy Corbyn en las elecciones del Reino Unido.

Este potencial voto anti-establishment, sin embargo, es capitalizado por el Frente Nacional en Francia o por Jobbik en Hungría, ambos partidos de extrema derecha y preferido por el segmento de menos edad. Sin embargo, son también los jóvenes los que mayores tasas de rechazo muestran al UKIP en Reino Unido o a AfD en Alemania.

Por lo tanto, quién capitaliza esa brecha no siempre está claro según el país. En todo caso, las razones de que voten de manera diferente probablemente se conectan con que en sus años más impresionables (hasta los 28) han sentido en sus propias carnes el impacto de una severa crisis económica y política en muchos países.

Profundizando en la identidad del electorado joven. Ha comentado que este electorado es evanescente en cuanto a su intención de voto ¿Qué hay detrás de esa evanescencia?  

Creo que conecta con el efecto ciclo vital. Los jóvenes tienen un comportamiento político diferente por el hecho de serlo, pero a medida vayan madurando, cumpliendo años, tenderán a asemejarse a sus padres. Esta explicación es relativamente intuitiva. Cuando uno es joven suele tener menos ataduras, un puesto de trabajo menos estable (o ser estudiante), menos ingresos, suele vivir con sus padres o no tener vida en pareja. Este genera una aproximación diferente a la política.

Sin embargo, a medida el joven se va volviendo adulto y debe pagar impuestos, emanciparse, tener un círculo de relaciones estable, asentarse en una comunidad… Esto le hace más consciente de la importancia que tiene la política en su vida y le conecta más con la sociedad que le rodea. Por lo tanto, a medida va creciendo, se iría volviendo un ciudadano más concienciado y más proclive a tener un comportamiento político institucional y estable.

Si es evanescente es justamente por eso, porque hay contextos que le pueden movilizar ligados a que la política pueda captar su interés en circunstancias concretas.

En otro debate. La amenaza a las instituciones democráticas viene de varios sectores: en Europa se da el caso del avance de los nacionalismos radicales de derecha; en América, vemos con preocupación la llegada al poder de agentes como Donald Trump o Jair Bolsonaro. Si vemos el tablero en perspectiva, parece que una aparente “espada de Damocles” pende sobre la democracia-liberal ¿Qué rol debería jugar la izquierda progresista en el sostenimiento de la democracia y por qué?

Perder una elección en democracia es normal. Lo que ocurre es que ahora también es normal perder la democracia mediante elecciones. No hace falta una asonada militar ni un general a caballo en el Parlamento, basta con la elección de un hombre fuerte con tics autoritarios. Desde el ejecutivo, y con amplísimos poderes de emergencia, se puede afanar en pervertir los dos intangibles que según Levitsky y Ziblatt son claves para sostener la democracia: la tolerancia al pluralismo social y la autocontención desde el poder.

La izquierda debe apostar no sólo por perseguir su propio programa sino por apadrinar estas dos ideas. Dicho de otro modo, instituciones equilibradas e independientes, buenos rendimientos sociales, reconocimiento y promoción del pluralismo social son condiciones indispensables. Siempre que llega el retroceso autoritario es porque el establishment está desacreditado y las instituciones deterioradas. Si no se cuida la democracia y se la convierte en la escuela de demócratas, caerá.

Desde las opciones políticas de izquierda, parece que les resulta fácil identificar estas amenazas cuando los signos que las caracterizan son radicalmente opuestos. Pero en casos como el venezolano, donde el otrora proyecto popular ha devenido en un autoritarismo cada vez más cerrado, las declaraciones de estos actores tienden a ser más conservadoras ¿Por qué ocurre esto?

Creo que justamente por lo que comentaba anteriormente. Tras la caída del Muro de Berlín los sistemas de socialismo real se desvanecen del mundo – en su vertiente económica, no política – pero hay actores que siguen en una lógica de Guerra Fría.

Es cierto, la izquierda autoritaria ha tendido a desaparecer, pero todavía subsiste en algunas retóricas y actores como en Venezuela. Ahora, la lógica de polarización social y el descrédito del establishment anterior a la llegada al poder del proyecto chavista explica por qué las posiciones están tan extremadas y se es transigente con comportamiento autoritarios o que coquetean con la violencia desde el campo propio. Retejer un consenso mínimo de valores y procedimientos es clave.

Para finalizar. Si le tocara, como a Maquiavelo en su época, exponer las reglas del mundo político de hoy ¿Qué reglas diría que rigen los sistemas políticos contemporáneos?

No creo que haya habido un cambio tanto de las reglas de juego político como de los actores e instituciones que operan en ellas. Vivimos un mundo de importantes transformaciones: la globalización, cambio tecnológico, envejecimiento generacional y crisis de los cuerpos intermedios (como sindicatos, iglesias o partidos). De nuevo, lo contingente de la política, lo dilemático y contextual, el adecuar los medios a los fines, siguen siendo, sin duda, reglas básicas y vigentes de lo político.

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