¿ES PENSABLE VENEZUELA?  2. USLAR PIETRI, LA GRAN ESTRATEGIA Y EL PETRÓLEO

¿ES PENSABLE VENEZUELA? 2. USLAR PIETRI, LA GRAN ESTRATEGIA Y EL PETRÓLEO

Una de las pautas recurrentes de la tradición de pensamiento abocada a la economía política del petróleo en Venezuela es que su estatus espiritual suele acompasar la oscilación del ciclo económico. Durante el siglo petrolero venezolano los auges del ingreso rentista generalmente reciclaron visiones optimistas, mientras que los declives produjeron cada tanto el retorno de los argumentos moralizantes. En el pensamiento de Arturo Uslar Pietri encontramos sintetizada esta paradoja en tanto que en su discurso el plano fáctico siempre es pesimista y moralizante mientras que el plano normativo es ingenuamente optimista y voluntarista. Esta multiplicidad inconexa entre el Uslar fáctico y el normativo es quizá la razón por la cual su casandrismo reposa en la memoria colectiva de un país incapaz de integrar durante un siglo las fatales consecuencias de que su estructura económico-social esté soportada en un recurso natural valorizado en el mercado mundial que no es producto del trabajo nacional y las beneficiosas consecuencias que esa posibilidad abría para el desarrollo nacional acortando los escabrosos parajes de la (nunca acabada) acumulación originaria. 

En la década de 1940 Uslar escribió un texto de profunda actualidad para pensar la encrucijada político-económica del país el cual, quizá, solo sea pertinente si dejamos marchar al errático y nostálgico pensador que reposa detrás de la consigna de sembrar el petróleo y que se adapta tan perfectamente a las memorias complacientes a las que les basta pensar a Venezuela como la imposibilidad de una posibilidad. En El tema de la historia viva[1] Uslar se pregunta por el motivo fundamental que determina “en todo momento y a ante cualquier circunstancia la acción nacional”. “Sentido del rumbo”, “temas de la acción colectiva”, “fines superiores”, “supremo objetivo estratégico” son los significados con los que Uslar puebla el bosque al que nos quiere convocar: “Venezuela necesita adquirir la noción de los hechos fundamentales que rigen su destino”. La pregunta de Uslar en la década de 1940 es nuestra pregunta en el ocaso del siglo petrolero venezolano: ¿cuáles son los motivos tan fundamentales como simples que determinan el gobierno de la patria y el relacionamiento con otros Estados tanto en el plano de la economía-mundo capitalista como en el moderno sistema interestatal?

El ejemplo de Uslar para explicarnos la necesidad de (lo que luego será conocido como) la Gran Estrategia nacional no puede ser otro que el de la potencia hegemónica que dejaba por aquellos días el puesto de mando del Moderno Sistema-Mundo: “En todas las horas Inglaterra ha tenido la inalterable noción de su interés y de su rumbo”. Como un teórico de las hegemonías histórico-mundiales avant la lettre concluye: “comercio mundial, dominio marítimo, y equilibrio continental para que no haya hegemonía en Europa”.

En el caso de Venezuela el tema de la historia viva, esto es, la Gran Estrategia, no puede ser otro que el petróleo. “El petróleo es el hecho fundamental y básico del destino venezolano (…) Todo está condicionado, determinado, dirigido por el petróleo”. Sin duda, Uslar está en lo correcto. Sin embargo, en su característica y constitutiva búsqueda de ejercer como conciencia moralizante del país, Uslar deja sin responder y explicar la razón por la que el petróleo ejerce como causa eficiente de la vida venezolana.

II.

El mundo moderno está compuesto por tres esferas interrelacionas. La primera esfera es la división internacional del trabajo en la cual se producen mercancías en búsqueda de beneficio. Allí es donde se determina que la economía-mundo moderna sea capitalista. La segunda esfera es el moderno sistema interestatal en el cual los distintos Estados encuentran acomodo entre el caos y el orden que acompaña la dinámica secular de auge y caída de las potencias hegemónicas. La tercera esfera es la geocultura donde, básicamente, se produce el debate ideológico y cultural que acompaña a las dinámicas seculares ocurridas en la primera y la segunda esfera. El desplazamiento geográfico de la potencia hegemónica del Viejo al Nuevo Mundo, de Gran Bretaña a Estados Unidos, tuvo profundas consecuencias para Venezuela. El país se insertó en la dinámica del ciclo sistémico de acumulación estadounidense como proveedor de un input clave para los noveles procesos productivos intensivos en energía y medios de producción. De esta manera, en la mercancía petróleo se sintetizó la forma que adquirían para el país los arreglos políticos y económicos tanto en el plano intraestatal como interestatal. 

En el siglo XX el petróleo fue el poder que fundó la política interior y exterior de Venezuela. De la industria petrolera brotó el poder político, económico, diplomático y militar de y en Venezuela. De ahí que el quid de la Gran Estrategia nacional haya sido la maximización del ingreso petrolero o la renta internacional del petróleo. La relevancia geopolítica de Venezuela nació en abril de 1810 para alcanzar un sorprendente apogeo militar tan solo catorce años después cuando el 9 de diciembre de 1824 se selló en la Batalla de Ayacucho la salida del ejército del Borbón Fernando VII de América del Sur. De ahí en más, el cainismo aniquiló en la cuna cualquier importancia geopolítica de las nacientes repúblicas quedando consumidas por interminables guerras civiles en medio de un contexto global signado de la pax británica y el imperialismo del libre comercio inglés. Fueron los acontecimientos Zumaque y Barroso los que modificaron la realidad solipsista de un país sumergido en el estancamiento relativo, escasos nichos de plantación para la exportación y la dispersión geográfica, introduciéndolo súbitamente en el ciclo sistémico de acumulación estadounidense. Desde la explosión del Zumaque, pasando por la creación de la OPEP en 1960, hasta la nacionalización de la industria petrolera en 1976 el poder geopolítico de Venezuela siempre fue in crescendo.

No dejes de leer la primera parte: ¿ES PENSABLE VENEZUELA? 1. MISERIA DE LA REALIDAD

El petróleo le permitió al país participar de la rebelión contra el mundo europeo que brotó del fin de la Segunda Guerra Mundial. La estrategia elaborada por Juan Pabló Pérez Alfonzo a partir de la experiencia de la Comisión de Ferrocarriles de Texas se mostró exitosa para que los países petroleros ubicados en el Tercer Mundo gozasen de una cuota del plusvalor global bajo la forma de una renta internacional pagada al propietario del petróleo. Sin embargo, lo no dicho de este tipo de inserción en la economía-mundo capitalista siempre fue que su éxito estaba determinado por un fracaso constitutivo. Ser un país petrolero exitoso era contradictorio con ser un país exitoso de acuerdo a los criterios de productividad que rigen a la economía global; aumentar el ingreso rentista era contradictorio con eliminar la dependencia de la renta.

Así las cosas, en una extraña paradoja histórica que conocen muy bien los países petroleros, en el punto de mayor auge del poder geopolítico del país, en el punto de mayor éxito de la Gran Estrategia en torno al petróleo, Venezuela entró en la fase de declive del siglo petrolero venezolano cuando la sobreabundancia de capital en la década de 1970 no encontró inversión rentable en las saturadas vías habituales de la economía nacional entrando en una histórica huelga de inversión y especulación, al mismo tiempo que la productividad del trabajo empezaba un largo declive y la transferencia de renta petrolera captada por el Estado vía sobrevaluación del bolívar e importaciones se convirtió en la forma de tapar la enorme escisión que se iba originando entre el consumo y la producción.

III.

La tematización de la crisis en Uslar se adelantó tres décadas al comienzo de la fase de declive del siglo petrolero venezolano y siete décadas al colapso de la sociedad rentista. Esta perspicacia se fundaba, sin duda, en los errores sobre los que se erguía su analítica. Es preciso recordar que caracterizó infelizmente al petróleo como “un capital depositado por la naturaleza en el subsuelo”[2]. Para él las crisis políticas eran naturales y perpetuas, ya que las entendía como el extravío de la identidad de un pueblo con su historia viva, con sus intereses fundamentales, con su Gran Estrategia. La clave está en comprender a despecho de la autoestima colectiva, la demagogia política o la hipocresía autocomplaciente, que una vez que Venezuela consumó su inserción rentista en la economía-mundo capitalista vive “con la soberanía acotada (…) objeto de una acechanza permanente” como lo expresara con admirable parresia Domingo Alberto Rangel[3].Una crisis en el sentido que Uslar da al concepto no es más que la imposibilidad de una sociedad nacional de identificarse con su supremo objetivo estratégico.

Desde la miserable realidad del ocaso del siglo petrolero venezolano sus palabras parecen proyectarse por todo un siglo o por dos décadas según la elección de la nación dividida: “del eco de todas nuestras falsas teorías, y de nuestras absurdas pugnas, lo que se levanta es la dolorosa, convicción de que no hemos sabido ser sino constructores de desiertos, aniquiladores de hombres, palabreros incapaces de mirar de frente las realidades”. Antes bien, la contemporaneidad de Uslar la debemos buscar más que en la ignota formula de sembrar el petróleo en lo que propone para hacernos cargo de este ocaso. “Si algo queda por hacer en esta tierra” argumenta “tenemos que comenzar por un gran acto nacional de penitencia (…) comprender que hay una gran tarea (…) Venezuela necesita adquirir la noción de los hechos fundamentales que rigen su destino”.

El petróleo sigue siendo el núcleo desde cual pensar el orden de la patria y el lugar que hemos de ocupar en la constelación interestatal. Sin embargo, lo primero que hay que decir con respecto a cualquier Gran Estrategia nacional es que nos encontramos ante el ocaso de la forma como la sociedad venezolana ha entendido la riqueza durante un siglo. El ocaso del siglo petrolero venezolano es también el agotamiento de la forma de acumulación de capital. Yendo más allá: el fracaso de las maneras políticas y económicas que han intentado conducir el declive desde la década de 1970 hasta nuestros días no dan pie a creer que es posible replicar en el futuro los arreglos sociales del pasado. Quien preso del cainismo espiritual y del cadornismo político así lo crea está condenado al fracaso estratégico o programático.

En segundo lugar, cualquier Gran Estrategia nacional que pretenda reconciliar a la sociedad venezolana consigo misma debe partir del hecho que estamos ante una gran reorientación del centro de la economía política global del Atlántico Norte al Este de Asia[4]. Uno de los temas neurálgicos de esa reorientación es cómo la senda de desarrollo intensiva en trabajo y que no propicia la separación entre los trabajadores y los medios de producción de Asia oriental metabolizará el legado del ciclo sistémico de acumulación estadounidense intensivo en energía y medios de producción. Estamos ante una transición del petróleo a las energías renovables como la que ocurrió del carbón al petróleo en medio de ocaso de la hegemonía británica y el ascenso de la hegemonía estadounidense. Suponiendo que el país fuese capaz de superar su guerra de posiciones internas que ha llegado a la fase militar, bien sea con el triunfo de la contrarrevolución pasiva o con el de la contrarrevolución activa, el mundo en el que debe reinsertarse estará en una transición que dejará nuestro principal activo devaluado en términos de importancia y poder.

Una vez dicho esto surgen dos temas que es pertinente colocar a debate. 1. El poder militar de Venezuela debe estar orientado a la defensa de su soberanía. Todos y cada uno de los sectores de la vida nacional han de comprender que en el sistema mundo-moderno el camino más favorable para el realismo defensivo es fomentar la competitividad económica e industrial y no hacer crecer hipertróficamente las fuerzas armadas. 2. El poder diplomático y la política exterior de Venezuela debe orientarse, en primer lugar, a fomentar la unidad programática latinoamericana como única forma de que la región pueda hacer valer sus intereses en el contexto global, en segundo lugar, fomentar la unidad programática del Sur global para propiciar lo que podemos denominar el “espíritu de Bandung”. 

En la década de 1940 Uslar lanzó su catastrófica profecía: “… hasta que dure el auge de la explotación petrolera. El día en que ella disminuya o decaiga (…) habrá sonado para Venezuela el momento de una de las más pavorosas catástrofes económicas y sociales”. La similitud de la descripción de esa posible crisis con lo que ha pasado por nuestros ojos es realmente sorprendente: “El sistema de precios se desajustará violentamente. La importación disminuirá junto con las divisas. La escasa producción no permitirá resolver el problema del hambre y el desempleo que llevará a la miseria y a la desesperación de millares de seres, con imprevisibles consecuencias políticas y sociales”. Esa crisis paulatina, recurrente y dramática se encuentra en la sociedad venezolana desde la década de 1980. Y no tiene solución desde la matriz de pensamiento solipsista ―esto es, que no puede afirmar nada positivo para el país si no coloca a su grupo, parte o facción en el centro del poder del Estado― según la cual una vez erradicado al Otro malicioso de la política es posible retomar la posibilidad de lo imposible, sembrar el petróleo. Ante la falsa elección entre la contrarrevolución pasiva y la contrarrevolución activa extranjerizante hay que reivindicar a la república de iguales. 


[1] A. Uslar Pietri, “El tema de la historia viva”, en De una a otra Venezuela, Caracas, Monte Ávila Editores, 1981, p. 17.

[2] A. Uslar Pietri, “Palabras pronunciadas en la instalación de la Escuela Libre de Ciencias Económicas y Sociales”, en Pasión de Venezuela, Suplemento de la Revista BCV, Vol. XX, Nº 2, 2006, p. 32.

[3] D. A. Rangel, Venezuela en tres siglos, Caracas, Mérida editores, 2004, pp. 49-50.

[4] M. Gerig, “Marx en Shanghái, Schumpeter en Shenzhen: El reequilibrio de la economía china y la reorientación de la economía política global”, Cuadernos de Economía Critica, 6 (11), 2019, 65-89. http://sociedadeconomiacritica.org/ojs/index.php/cec/article/view/160/279

¡Contribuye con nosotros para que este contenido siga siendo gratuito!





Malfred Gerig

Sociólogo por la Universidad Central de Venezuela (UCV), Especialista en Estado, Gobierno y Democracia (CLACSO) y candidato a Magíster en Ciencia Política por la Universidad Simón Bolívar (USB). Director Ejecutivo de Laboratorio Estratégico e investigador con interés en economía política global y economía política del petróleo.

Compartir este