FRANCISCO OJEDA: “HOY ENCONTRAMOS UN CAMPO ABATIDO, QUE MUESTRA SIGNOS DE PROFUNDA DIFICULTAD PARA SU RECUPERACIÓN INMEDIATA”

FRANCISCO OJEDA: “HOY ENCONTRAMOS UN CAMPO ABATIDO, QUE MUESTRA SIGNOS DE PROFUNDA DIFICULTAD PARA SU RECUPERACIÓN INMEDIATA”

Venezuela: un debate estratégico es un espacio diseñado por Revista Florenciapara discutir con rigurosidad los principales problemas de la crisis venezolana. Sus objetivos son, por una parte, construir el estado de la situación en las áreas más acuciantes de la vida nacional, y por otra, incitar un debate prospectivo capaz de plantear soluciones integrales.

Francisco Ojeda, historiador por la Universidad Central de Venezuela, especialista en historia económica y agrícola de Venezuela y profesor universitario, conversó con Revista Florencia sobre el estado de la situación en el sector agrícola, con el punto de mira puesto en realizar un balance riguroso de la política agrícola llevada a cabo durante la Revolución Bolivariana y las posibles salidas a la crisis que vive el sector.

¿Qué diagnóstico se puede hacer de la agricultura venezolana hoy en lo que respecta a producción, conflicto social por la tierra y soberanía alimentaria? 

Lamentablemente, el diagnostico no es para nada positivo. Ya para mediados del año pasado se acusaba una producción que, apenas, alcazaba a cubrir un 25% del consumo nacional. Como se ha visto, estos saldos negativos se han profundizado. Imaginen solo esto: el petróleo o, mejor dicho, la industria petrolera nacional, la cual es la joya de la corona, ha sufrido una contracción de más de la mitad en su nivel más alto en la historia ¿Qué podría estar pasando con la agricultura, esa actividad siempre desdeñada? Lo propio y peor.

Hoy, más que un campo productivo, encontramos un campo abatido, que muestra signos de profunda dificultad para su recuperación inmediata. Esto, como es de suponer, imposibilita al país de hablar de una soberanía alimentaria. En términos
concretos, no existe una producción primaria ni una agro industria capaz de satisfacer la demanda básica alimenticia de la población.

Visto este cuadro, entre sus resultantes hay un gran conflicto social. Un drama, diría yo. Lo resumiré así: unos meses atrás fui a una escuela rural en Lara. Allí escuché a una maestra decirles a sus jóvenes estudiantes que “deben estudiar,
para que no se queden como sus padres, pobres y en el campo”. Y si queremos ver ese conflicto específicamente en torno a la posesión de la tierra, nos sorprenderíamos. Emprender hoy un proyecto agrícola es tan complejo, que los conflictos por la posesión de la tierra han perdido su profunda carga de combatividad. Hoy hay mucha tierra ociosa, si, y también abandonada.

¿Cuál es el balance en política agrícola  de la Revolución Bolivariana cuando entra a su 20 aniversario? 

Hacer un balance general no sería lo justo, considero. Estos 20 años han tenido diversos procesos. A ver. En un primer momento, que me atrevería a simplificar desde 1999 al 2005, se intentó establecer un marco legal incluyente. Recuerden la
reforma agraria y la ley de tierras. Luego, del 2006 al 2011, hubo un intento de incentivar la producción con mucho crédito barato, para no decir no retornable.

Aquí, entre 2008 y 2010 hubo saldos positivos en materia de cereales. Por ejemplo, las mismas asociaciones colombianas del arroz, reconocieron los avances que en este rubro se estaban obteniendo. Finalmente, luego de la misión agrovenezuela hasta nuestros días, comenzó un franco deterioro del sector hasta llegar a lo que tenemos hoy.

El balance es negativo, sin duda. No fue posible establecer una Política Agrícola seria, sostenida, perdurable. Más que Políticas, se establecieron prácticas. Y estas, como se ha visto, cambiaban al ritmo que cambiaban al ministro y sus
personeros. Se irrespetaron numerosos acuerdos, y la confianza de importantes sectores se fue perdiendo. Además, el Estado, a partir de las expropiaciones, intentó controlar nichos productivos de gran importancia. Allí están los saldos de esos intentos: muy por debajo de los ya registrados al momento de su intervención.

¿Cómo convivían en la práctica una política económica con marcado privilegio a las importaciones con la intención de aumentar la producción agrícola nacional al tiempo que se transformaban  las relaciones de propiedad? 

No convivían. Se encontraban en un profundo conflicto silencioso. Un conflicto clientelar, me atrevo a decir. Por un lado se tenía una gaveta agrícola con una tasa de interés muy atractiva. Un regalo, en realidad. Y, por otro lado, un aparato de importación absolutamente endemoniado y sediento. Esto debió generar un conflicto de convivencia, como es de suponer teóricamente. No obstante, las voces que podemos encontrar denunciando la falta de protección fueron muy pocas. Al final, lo que creo, es que con muy pocas excepciones, nadie se preocupó de que el producto del trabajo nacional se enfrentara con un mercado que se robustecía a partir de una vorágine de importaciones que nadie supo –o quiso- controlar.

La falta de protección debió despertar importantes luchas. ¿para qué me das un crédito para producir carne, cuando luego me dejas a merced de un mercado abarrotado de carne barata del Brasil? Esa es una pregunta básica. Creo que la respuesta está en el crédito. El crédito barato y su poder de corromper. El crédito fue, es y siempre ha sido “el gran negocio”. Este, a mi parecer, apaciguó una justa lucha. Al final, este crédito barato y con pocos controles, bien se pudieron traducir –como muchas veces lo hizo- en un Cyber, en una peluquería, en un silencio cómplice y enriquecedor.

¿Qué tanto se vio afectado y qué tanto se beneficio el mediano y gran productor agrícola con las políticas de la Revolución Bolivariana? 

Como en una de las preguntas anteriores, debo decir que esta no se puede responder echando tabla raza de los 20 años. Hubo momentos con marcadas diferencias. Creo que todos se beneficiaron de un crédito barato, de un acceso a
maquinaria barata. Esto en un momento. Pero, posteriormente, hay que ver la afectación producto de las expropiaciones directas y, también, del miedo y la desconfianza que estas, indirectamente, generaron.

Finalmente, está el caso emblemático de agropatria. Personalmente me he ido a Yaracuy, Lara y Carabobo a desarrollar trabajos de campo para ver el estado de la cuestión agraria. En coro y sin excepciones, la política emprendida con agropatria
es denunciada, criticada. La falta de insumos, la irregularidad en el suministro de componentes básicos para la siembra o la cría ha afectado a productores grandes, medianos y pequeños por igual.

El 14 de febrero el presidente Nicolás Maduro anunciaba un presupuesto de  1.037 millones de euros para el plan de siembra 2019 destinados a más de 3 millones de hectáreas. ¿Pueden repercutir estos recursos  en un aumento de la producción? ¿Le queda todavía algo por hacer al gobierno de Nicolás Maduro en materia agrícola?

Esas cifras son poco estimables. El sector se pregunta, ¿Cuánto de eso es para insumos, cuanto para maquinaria, cuanto para el sector primario, cuanto para la agroindustria, cuales rubros se priorizan, se recuperará o potenciará la capacidad
instalada? Y no hay respuestas claras. No me atrevo a decir que no les queda nada por hacer. Me gustaría ser optimista. Sin embargo, el camino es empedrado. Recuperar la producción pasa, obligatoriamente, por reformular el marco legal en el cual se desarrolla la actividad, que va desde una guía de movilización hasta un protocolo de importación de semillas o animales.

Además, hay que brindarle seguridad a los entornos agroproductivos, lo cual es un problema serio y grave. Todo esto, entre muchas otras cosas, que resumiré en la necesidad de brindarles confianza al pequeño campesino y al gran inversor agrícola.

Juan Guaidó, presentó el 31 de enero su proyecto de gobierno denominado “Plan país”; ¿Qué propone en materia agrícola? 

Lo que hemos visto del Plan País, como bien has dicho, es una presentación. El plan general, en sus líneas gruesas desarrolladas, no se ha entregado. Al menos no he tenido la oportunidad de leer sino las laminas de presentación que, vale decir, no menciona la palabra agricultura en ningún lugar.

¿Cuáles serían a su consideración los elementos centrales que la opinión publica nacional debería debatir en materia agrícola y las posibles formas de resolverlos?

En primer lugar, debe establecerse con claridad el marco legal en el cual se desarrollará la actividad. Hay un sinfín de controles y hay, también, aspectos importantes que se encuentran sin normativa. Esto hay que regularizarlo pues, como en todo aspecto económico, como en toda actividad productiva que requiere de inversión, se necesita confianza. Todos queremos saber sobre qué pisaremos.

En segundo lugar, deben establecerse polos de desarrollo agrícola bien definidos, en los cuales debe realizarse una inversión en capital fijo  importante, de una envergadura sin precedente. En tercer lugar, además de hablar de “fronteras agrícolas”, creo que debe hablarse de tecnificación agrícola. Hay países que no discuten hoy si explotar 10 ó 100 hectáreas. Discuten es cómo producir en 10 lo que otros producen en 100.  Un agricultor del siglo XXI no ve lunas, no observa si lloverá o no. Esos agricultores van de la mano con los avances tecnológicos, los cuales han resuelto los problemas básicos mencionados.

Se debe, finalmente, debatir sobre las formas de resolución de los problemas del sector y su sitial dentro de la economía nacional. Por ejemplo, hay que discutir a profundidad sobre si eliminar el subsidio a la actividad o minimizarlo, así mismo, sobre si existirá una protección al sector o si este quedará solo frente a las fluctuaciones del mercado y, de igual forma, debe debatirse la importancia que jugará el sector en vista de la necesaria transformación del sistema mono productor que bien conocemos y que ha venido caracterizando el aparato productivo nacional.

 

2 comentarios en «FRANCISCO OJEDA: “HOY ENCONTRAMOS UN CAMPO ABATIDO, QUE MUESTRA SIGNOS DE PROFUNDA DIFICULTAD PARA SU RECUPERACIÓN INMEDIATA”»

  1. En el análisis retrospectivo del campo venezolano desde el presente, es insoslayable mencionar, las características del sector en los albores de siglo XX, su importancia para la economía venezolana, y la aparición del petróleo. Las distorsiones y consecuencias producto de la yuxtaposición de un moderno sector minero extractivo, sobre un rudimentario sector agrícola. La élite intelectual del momento, representada en Alberto Adriani, mencionaba al campo, la tierra (agricultura), como la mayor riqueza perdurable en el tiempo y tipificando al oro negro (petróleo) como una riqueza efímera, fugas, perecedera. Los cuantiosos ingresos por exportación de hidrocarburos duplicaban y triplicaban el ingreso por exportación de café. El eslogan Sembrar el Petróleo, era el llamado de Adriani. El petróleo hizo su efecto embriagador el las élites, en la psique social, ocurre una indigestión económica por el escaso desarrollo del Estado y sus Instituciones, parafraseando a Juan P. Pérez Alfonso. A lo largo del siglo XX, las exportaciones petroleras superan las no petroleras, se abandona el campo, se importa mayoritariamente todo lo que necesita la nación, el Estado. En los albores del siglo XXI, Venezuela, experimentó el mayor boom de renta de su historia por concepto de exportación de combustible fósil, ocurre la embriagues de la élite de turno, la indigestión económica “Enfermedad Holandesa” y la inoperancia del Estado y sus Instituciones. En la contemporaneidad, el presente, el panorama del campo venezolano es como lo enunciado en el titulo de la entrevista: “HOY ENCONTRAMOS UN CAMPO ABATIDO, QUE MUESTRA SIGNOS DE PROFUNDA DIFICULTAD PARA SU RECUPERACIÓN INMEDIATA”.

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