INDIA: ¿UN ALIADO DE OCCIDENTE?

INDIA: ¿UN ALIADO DE OCCIDENTE?

El pasado 16 de junio tuvo lugar un enfrentamiento entre India y China en el valle de Galwan en la disputada región de Aksai Chin-Ladakh, lo que representó la escaramuza más grave de las últimas décadas entre ambos Estados; que si bien se ven confrontados de forma regular casi todos los años en esta misma época en ambos lados de la muy ambigua Línea de Control Real o LAC, por sus siglas en inglés que significan frontera de facto, este enfrentamiento tomó particular relevancia en función de ser el primero desde 1975 que deja un saldo de víctimas mortales: veinte efectivos indios y un número indefinido de oficiales chinos que perecieron en la confrontación. Al respecto, cabe destacar que el enfrentamiento fue llevado a cabo “cuerpo a cuerpo” sin producirse un solo disparo, de acuerdo a protocolos de seguridad acordados por ambos países.

En este aspecto, el conflicto se da como resultado de una escalada en la tensión que desde mayo se desarrolló entre los bandos que se acusan entre sí de haber invadido el territorio contrario, en una región que plantea serios e importantes retos estratégicos para sus pretensiones geopolíticas y que venía colmándose de efectivos militares desde varios meses atrás, como medida de resguardo a obras de infraestructura que ambos países han construido en la zona.

Intereses estratégicos encontrados

Para India la zona es de gran importancia no solo por el hecho de que representa una histórica reivindicación territorial, sino que la zona reclamada, Aksai Chin, actualmente bajo administración china, pasaría a ser parte del Estado de Jammu y Cachemira al que el gobierno central indio revocó su autonomía el año pasado recrudeciendo el estado de sitio en esa convulsa región.

China, por su parte, mantiene un corredor económico de suma relevancia con su aliado Pakistán, rival histórico de India y que también mantiene reclamaciones territoriales en la región de Cachemira.

Para Beijing el territorio en disputa es de vital importancia a los efectos de la ejecución de su ambicioso proyecto de La Franja y la Ruta o La Nueva Ruta de la Seda que pretende impulsar como eje económico y comercial de Eurasia para las próximas décadas, consolidando al gigante asiático como potencia mundial dominante. Por lo que fortalecer su presencia en el terreno y en especial su relación con Pakistán, a través del cual China tiene acceso al Mar Arábigo, es primordial.

Dos bloques en disputa de la “Guerra Fría Tecnológica”

India y China forman parte de la asociación comercial BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), sin embargo, los intereses económicos a veces dispares entre China y el resto de los miembros ha provocado un distanciamiento cada vez más pronunciado entre estos dos países, causando así un nivel de competencia por el control de la región Asia-Pacífico que en los últimos años y, especialmente desde que el nacionalismo hindú asumió el poder en India de la mano del Primer Ministro Narendra Modi, ha generado en este una inclinación y cooperación cada vez más cercana con Estados Unidos y con el área de influencia occidental en el pacífico, es decir: Australia y Japón; en un esfuerzo conjunto por frenar el acelerado crecimiento chino.

Por su parte, India y Estados Unidos han firmado diversos acuerdos de cooperación e inversión militar y comercial, sin embargo, el entramado productivo indio sigue siendo dependiente de Beijing, ya que las cadenas de valor están en su mayoría ancladas a China, especialmente en la industria farmacéutica de la cual India es el mayor productor global, pero cuyos insumos y materias primas es proveída en más del 70% por China. Asimismo, Rusia se mantiene como el mayor vendedor de equipos militares a India por lo que el transitar de Nueva Delhi en este nuevo y claro alineamiento con occidente tiene que realizarse de forma cuidadosa y paulatina o se arriesga a provocar fuertes daños a la economía del segundo país más poblado del mundo, la llamada “democracia más populosa” y la que, según algunas proyecciones económicas, será la segunda mayor economía del mundo en varias décadas.

Ahora, el proceso de “desvinculación” económica ya ha iniciado, India suma un nuevo frente a la guerra comercial que Estados Unidos mantiene con China, esta vez en el sector tecnológico, en lo que ya hay quien denomina una “guerra fría tecnológica”, prohibiendo la operatividad a decenas de aplicaciones de origen chino incluyendo la popular TikTok, con argumentos llenos de acusaciones que van desde el espionaje hasta la seguridad nacional. Adicionalmente, comenzamos a ver la cancelación de contratos con proveedores de plataformas tecnológicas y acceso a la instalación de tecnología 5G en India por parte de empresas chinas, especialmente Huawei y ZTE. Medidas que armonizan con las impulsadas por Estados Unidos y Reino Unido que, con motivaciones públicas similares, dejan en evidencia una estrategia conjunta en la competencia por la tecnología de datos y el valor estratégico, geopolítico y comercial que representan estos para la economía global del siglo XXI.

Por tanto, este veto tecnológico abre una inmensa puerta para competidores europeos y estadounidenses a un mercado de 1.200 millones de personas y claramente es un gesto que no ha pasado desapercibido en Washington, recibiendo elogios del Secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, quien también comentó sobre la posibilidad de replicar la acción en su país.

Elección de bando

Para nosotros es evidente que el conflicto entre las dos potencias emergentes no será armado, al menos no en el futuro cercano, de hecho, desde junio se inició un proceso de desescalada del conflicto en la región fronteriza.

China se concentra en continuar la expansión de su influencia y consolidar su credibilidad en el liderazgo mundial. Tiene además tres frentes abiertos a lo interno: Hong Kong; la creciente preocupación internacional por la situación de la etnia Uigur; y retomar el crecimiento económico que ha sido fuertemente golpeado por la pandemia.

India por otro lado, entiende que China la supera ampliamente en las capacidades militares, y si bien ha incrementado el sentimiento y la propaganda anti china, sabe que no es el momento idóneo para un enfrentamiento bélico exacerbado teniendo en cuenta que, además, se encuentra en pleno incremento de contagios por COVID-19, siendo ya el tercer país del mundo con mayor cantidad de casos totales y activos, después de Estados Unidos y Brasil, respectivamente. Esto aunado a las consecuencias de salud pública y económicas que eso conlleva enfrentando la posibilidad de una fuerte recesión.

Sin embargo, aunque se bajen los ánimos y se reestablezca una tensa calma entre ambos, la riña de junio y las medidas tomadas en las semanas posteriores marcarán de manera definitiva un punto de inflexión en una relación difícil y deteriorada que deja claro -ahora más que nunca- el bando que ha elegido India en esta disputa por la hegemonía global.

Luis Eduardo Barrios A.

Abogado por la Universidad Central de Venezuela (UCV) y candidato a Magíster en Relaciones Económicas Internacionales por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Especialista en relaciones internacionales y geopolítica.

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