LA TRANSFORMACIÓN DE LA GUERRA

LA TRANSFORMACIÓN DE LA GUERRA

La Historia está repleta de conflictos, desde la conocida guerra de Troya a la expansión del Imperio Romano, desde las Cruzadas a la Guerra de los Cien Años, la conquista europea a América y las notables guerras mundiales… Simplemente hay algo que no podemos negar: la característica belicosidad del ser humano. 

Alrededor de 12.0001 batallas se han librado a lo largo de la Historia. Y si bien cada una ha respondido a intereses económicos, políticos, sociales y culturales propios de su época, todas han mantenido un denominador común: la forma en cómo se hace la guerra. En este sentido, estamos acostumbrados a leer, ver en documentales o escuchar de algún historiador -o historiadora como es el caso- que las guerras clásicas en primer lugar se libran en un campo de batalla designado; segundo, se utilizan armas (aunque estas fueron perfeccionadas durante la Primera Guerra Mundial con la llegada de los tanques de guerra, las armas nucleares y otro tipo de artillería y armas de alto calibre, al final “el perfeccionamiento de las armas de fuego es un aumento de fuerzas brindado a la ofensiva al ataque brillantemente llevado”2); como tercer punto existen ejércitos burocratizados y claramente identificados; y por último, aunque no excluyente, se definía un tiempo, es decir un día para llevar a cabo lo que conocemos como la batalla decisiva. 

Sin embargo, la llegada del tan esperado milenio ha sido testigo de una transformación en todos los ejes que envuelven a la sociedad y, por ende, en una nueva forma de hacer la guerra. Las guerras contemporáneas no responden al esquema de las guerras clásicas que mencionaba más arriba. Por ello, las reglas antes aplicadas han quedado obsoletas. 

En las guerras clásicas se cumplía la declaración de Rousseau: “entre los hombres, como entre los lobos, el motivo de la querella es siempre completamente ajeno a la vida de los combatientes. Puede que uno de los dos muera en el combate, pero su muerte no es el objeto de la victoria sino el medio para conseguirla; pues en cuanto el vencido cede, el vencedor se apodera del objeto de la disputa, cesa el combate y se acaba la guerra.”3 

En los últimos veinte años hemos presenciado lo que se conocen como guerras de cuarta generación, denominación originada por William Lind en 1989, en dónde la proporción de víctimas civiles4 es esencial para ambas partes combatientes: “los grupos más vulnerables de la sociedad son las primeras víctimas de la violencia.”5 

Las guerras de cuarta generación, en este sentido, abarcan todos los tipos de “nuevas guerras” contemporáneas: guerra de guerrillas, la guerra asimétrica, las guerras irregulares, la guerra civil, los conflictos de baja intensidad (LICs por sus siglas en inglés), el uso del terrorismo y la propaganda. Asimismo, se caracterizan principalmente por no tener un ejército, por ende, no existe el uso del uniforme, de esta manera no hay forma de distinguir al guerrero de la población civil; no se delimita un campo de batalla; el uso del niño soldado como principal actor y componente de las fuerzas militares; y la desaparición total o parcial del Estado, atrapando a los ciudadanos en una nueva estructura de supervivencia colectiva. 

Todo esto responde al porqué los conflictos armados africanos -y en otras partes del mundo- aún no han sido disipados. Clausewitz afirmó que “cada época tenía sus propias guerras, sus propias condiciones limitativas, su propia parcialidad. Cada una tendría por tanto también su propia teoría de la guerra (…).”6 

El problema radica en que los gobiernos siguen preparándose y entrenando a sus fuerzas armadas para luchar una guerra convencional, ignorando la nueva realidad: los LICs se han vuelto cada vez más frecuentes a los que los Estados-nación tienen que enfrentarse. Su modus operandi se basa en ataques indiscriminados contra la población civil, los cuales son llevados a cabo por pequeños grupos que a veces son apoyados por los habitantes de un país o una región. ¿Les suena familiar? 

Durante los LICs, el coste de vidas civiles es formidablemente mayor a las batallas regulares que se libraban a principios del siglo XX. La idea es utilizar el régimen de terror como estrategia deliberada de guerra y medio de control social. “Estas guerras constituyen una ‘crisis total’ en la vida de las personas debido a que destruyen no solo los bienes materiales de las personas, sino también su fibra moral y su sentido de la dignidad.”7 

Por otro lado, la propaganda es una estrategia bélica conocida desde el siglo anterior. Su objetivo es desacreditar al enemigo y convencer al colectivo de que la guerra tiene como finalidad un bien común. Pero, ¿qué pasa en estos tiempos de era digital? La información está a tan solo un click de distancia. 

En pleno 2020 y a pesar de que en muchos países se siguen librando guerras de cuarta generación, la realidad es que ha germinado una nueva-nueva forma de hacer la guerra: la ciberguerra. La información es su artillería, el ciberespacio sus campos de batallas y los ejércitos se convirtieron en un grupo de programadores entusiastas quienes detrás de una computadora son capaces de hacer colapsar a cualquier Estado, a estos los conocemos como hackers. 

La guerra cibernética o ciberguerra se caracteriza por el bloqueo de la transmisión y el almacenamiento virtual de la información, la destrucción de sistemas de comunicación, la manipulación de datos, la intoxicación informativa, entre otras maniobras tecnológicas que implican el manejo de información. Al final de cuentas, esa información que consideramos tan cercana y accesible es una simple y módica táctica para hacernos creer que tenemos el poder. “En el nuevo orden de los medios, las palabras, los textos, no valen lo que las imágenes. ¿Cómo ocultan hoy la información? Por un gran aporte de esta: la información se oculta porque hay demasiada para consumir y, por lo tanto, no se percibe la que falta.”8 Detrás de todas estas pantallas se está librando una guerra sin precedentes históricos, a una velocidad casi incontrolable, de la que ni siquiera estamos enterados. 

“¿Cuáles son realmente los poderes hoy? El primero de todos es el poder económico; el segundo el mediático, y, relegado en una tercera posición, el político.”9 Quien controla las tecnologías de la información no solo representa una verdadera amenaza en esta era digital, sino que además está más cerca de la victoria. 

No me cabe duda de que la ciberguerra será acuñada en la pronta creación del término guerra de quinta generación. Lo que abre un nuevo dilema, ¿qué nos depara la sexta generación?


1 Tomando como inicio la Guerra entre los Guti y los Sumerios ocurrida en 2200-2130 a.c.

2 ARON, Raymond. Pensar la guerra, Clausewitz. T. II. Ministerio de Defensa, Madrid 1996, p. 36

3 ROUSSEAU, Jean Jacques. Escritos sobre la paz y la guerra. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1982, p. 65

4 En las guerras de tercera generación las víctimas civiles eran vistas como gente que había sido atrapada en medio del fuego cruzado y no como el resultado de ataques sistemáticos. MELLO, Patrick A. In Search of New Wars: The Debate about a Transformation of War, p.6

5 Revista Internacional de la Cruz Roja de junio de 2001, volumen 83, número 842, p.2

6 CLAUSEWITZ, Karl Von. De la guerra, p.653

7 HONWANA, Alcinda, Child Soldiers in Africa, p.35 

8 CORTÉS, Carlos Eduardo. La tecnología de los medios en tiempos de guerra. Revista Latinoamericana de Comunicación CHASQUI, n°082, p.70 

9 CORTÉS, Ibídem, p.71No me cabe duda de que la ciberguerra será acuñada en la pronta creación del término guerra de quinta generación. Lo que abre un nuevo dilema, ¿qué nos depara la sexta generación?

Aixa Norely Vivas Barrios

Historiadora de la Universidad Central de Venezuela, mención Universal, con especialización en Historia Contemporánea de África de la Universidad de São Paulo. Autora del libro titulado Niño soldado: Fotohistoria de una infancia interrumpida (Casos del África Subsahariana), publicado en 2018.

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