¿POR QUIÉN VOTARÁN LOS JÓVENES?

¿POR QUIÉN VOTARÁN LOS JÓVENES?

En Venezuela se proyectaba desde el censo de 2011 que la población joven (con edades comprendidas entre los 18 y 27 años de edad) sería quien decidiría el destino del país en 2018, pues de acuerdo con las cifras 3.078.805 de nuevos votantes se incorporarían al registro nacional y este evento redefiniría los pesos políticos que venían, cada vez más, tendiendo hacia el empate.

El 2018 ha llegado y la atmósfera electoral es compleja; a escasos días de las próximas elecciones presidenciales el “ambiente electoral” es prácticamente imperceptible, no obstante estudios revelan que la intención de voto supera el 70%; siendo la primera elección presidencial que se da en una crisis económica tan severa, insólitamente la juventud está paralizada, incluso en redes sociales el debate político ha mermado, se habla más de Infinity War que de las elecciones.

 

¿Votar o no votar?

Recientemente en la red social Twitter se hizo tendencia #VotarONoVotar una etiqueta que ciertamente encierra el dilema de los venezolanos, sobre todo de la franja etaria que podría cambiar el destino del país, aquella que aun no se decide.

Y es que esta franja que corresponde a la población joven tiene cierta resistencia a la política, no es para menos, estamos viviendo una de las más grandes crisis políticas no solo en el país sino en el mundo entero.

En gran medida por la actuación de los políticos que tienen grandes dificultades para conectar con los jóvenes, pues sus propuestas de país no dan cabida al desarrollo de los proyectos de vida de los milennials, amenazados cada vez más por la ausencia de un futuro.

Estamos hablando de políticos que se enfrentan, por primera vez, a una generación que concibe la política como un hecho que trasciende de unas elecciones, una generación muy bien informada que debate constantemente en redes sociales sobre el acontecer nacional e internacional, que difícilmente puede ser engañada o persuadida por un discurso político caduco.

Pero también una generación saturada de imágenes y discursos que paralizan; discursos que inciden en la puesta en duda de la capacidad de transformación de los ciudadanos.

El “para qué votar si el autoritarismo me robará los votos” o “la salida es la dimisión” o “que intervengan ya” son expresiones de ese pensamiento que fomenta la matriz de opinión de que la solución no está en nuestras manos, es decir de que la democracia está en la cuerda floja.

En este punto es válido preguntarse ¿cuáles serían las consecuencias de no votar?

 

Las consecuencias de la abstención para la población joven

De acuerdo con el censo de 2001, para el 2018 más del 50% de la población tiene menos de 27 años. Si esta franja etaria decide abstenerse porque su manera de hacer política es otra, porque los políticos no sirven, porque no necesitan de la política ya que reproducen su vida a través de trabajos freelance, en fin… las razones pueden ser infinitas; estarían ejerciendo su legítimo derecho a decidir dejar las responsabilidades en manos de otros.

Pero en 5 o 10 años, cuando ya no sean tan jóvenes y la informatización de las sociedades continúe desplazando la inteligencia humana por la inteligencia artificial y los necesite cada vez menos, no podrán culpar a nadie de no haber exigido a la política y a los políticos una promesa de país que sí les de un lugar en el futuro y no los obligue al exilio.

Si la solución no es democrática ¿cuál es?

 

Crissia Contreras

Crissia Contreras. Cofundador y co- director de Revista Florencia. Director de Comunicaciones en Laboratorio Estratégico  y Director General en Studio en llamas. Estudiante de Sociología en la Universidad Central de Venezuela (UCV) con interés en comunicación política.

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