VENEZUELA: SANCIONES Y OPINIÓN PÚBLICA

VENEZUELA: SANCIONES Y OPINIÓN PÚBLICA

La comunidad internacional construye imágenes de los países de acuerdo a la información que recibe a través de la experiencia de una visita, de los medios de comunicación, de la literatura, el cine, la gastronomía, la indumentaria y otros productos culturales.

En el caso de Venezuela ese imaginario que se construye desde afuera está muy influenciado por el fenómeno de la migración y por la gran “cobertura mediática” que ha tenido el conflicto venezolano. Evaluaremos cómo opera el tratamiento de la información en la construcción del imaginario internacional de Venezuela y qué desencadena a través del caso puntual de las sanciones económicas aplicadas a Venezuela desde el 2017.

Venezuela desde afuera: migración, redes digitales y sesgo informativo

@vp_españa

El estado de vulnerabilidad económica y psicológica que han tenido que padecer los más de 3 millones de venezolanos que en una situación inédita en la historia del país han tenido que marcharse se convierte en el blanco perfecto para el despliegue de estrategias de comunicación nada novedosas, pero muy efectivas en conseguir respaldo o un silencio cómplice para el derrocamiento de presidentes objetivo mediante la aplicación de medidas en extremo nocivas: como sanciones económicas, injerencia e intervención armada.

Para entender la migración venezolana es importante evaluar el contexto mundial de la migración. Los movimientos migratorios han llamado la atención de la comunidad científica principalmente en los países receptores, razón por la que en 2003 médicos de siete países de la Comunidad Europea se reunieron para exigir a los gobiernos trascender de las políticas restrictivas migratorias teniendo en cuenta que compensan el declive demográfico y representan una fuerza laboral importante y evaluar el fenómeno desde la perspectiva sanitaria.

En este sentido, médicos de España interesados en la migración desde la perspectiva psicológica y psiquiátrica bautizaron el cuadro emocional por el que transitan los migrantes como “Síndrome de Ulises”. Este síndrome explica las consecuencias psicológicas que genera el desplazamiento, el entorno de hostilidad y la adaptación a nuevas culturas al que se enfrentan los migrantes.

Por otra parte están las redes digitales como plataformas que han desplazado a los medios convencionales, sobre todo en los segmentos de población más joven, y que parecen estar investidas de un aura de parcialidad y democracia al mostrarse como espacios en los que se puede obtener información simultánea, multimedia, interactiva, en tiempo real, de diversas fuentes e inclusive permiten ser la fuente. Estos atributos generan una sensación de “omnipresencia” en el usuario, haciendo que este juzgue por sí mismo la veracidad de la información y habilitándole para diseminar la información sin ningún tipo de criterio periodístico, ético o informativo.

Esta sensación de omnipresencia que producen las redes digitales aunado al “síndrome de Ulises” y a la sobrevisibilización de la comunidad de migrantes venezolanos desencadena un arraigo virtual que potencia la participación política de forma digital, siendo la única herramienta de mediación posible con el país de origen y además un aliciente para el estado psicológico del migrante al brindarle una sensación de comunidad.

En este punto el tema de la sobrevisibilización de la comunidad de migrantes venezolanos es esencial para entender el impacto de la estrategia de manipulación de la opinión pública.

El último informe de la Organización Internacional para las Migraciones (2015) exponía que en 1990 la tasa de emigración de Sudamérica se encontraba en alrededor del 10%, para 2015 se ubicaba en 25%. Asimismo, este informe exponía a los siguientes países encabezando la lista con mayor población de emigrantes: Guyana con un 62,70%, Jamaica con casi un 40%, El Salvador con 23,70%, Cuba 13,57%, Paraguay con 12,56%, Haití 11,67%, Nicaragua 10,59%, México 10,50%, Uruguay 10,38%, para entonces la tasa de emigrantes Venezolanos se aproximaba al 5%, con alrededor de (1) millón de migrantes.  Teniendo en cuenta que el éxodo venezolano se intensificó en los años siguientes, podemos utilizar las cifras que maneja ACNUR y la OMI que  hablan de 3,4 millones de venezolanos en el extranjero, lo que ubicaría a Venezuela en alrededor del 10%.

Sin desestimar el éxodo venezolano, vemos que a nivel general la tasa de emigración suramericana ha crecido y que existen varios países de la región con tasas muy altas, países con situaciones tan críticas como la venezolana pero que son invisibilizadas por los medios de comunicación. El caso más notable a nivel mediático se da en los países de Centroamérica cuya “caravana de migrantes”  no pudo ser ocultada del todo pero que a todas luces no ha tenido la misma cobertura que el éxodo venezolano.

Esta sobrevisibilización comunicacional de migrantes venezolanos crea un sentido de comunidad virtual que se convierte en un mecanismo de superación del “Síndrome de Ulises” porque combate el sentimiento de soledad ante el entorno tan hostil a nivel económico, legal y cultural que sufren los migrantes. Pero este sentido comunidad virtual que comparten los migrantes venezolanos está indivisiblemente vinculado a la opción política que apoya la aplicación de sanciones económicas sin importar sus efectos y a la intervención armada.

El impacto comunicacional que tienen los venezolanos en el extranjero respaldado por presidentes, artistas e “influencers”,  funge como reforzamiento positivo que potencia la movilización nacional de quienes comparten la opinión de que la única salida  posible al conflicto político es violento o anticonstitucional.

Pero Venezuela es cada día más, un país menos polarizado, aunque comunicacionalmente solo se visibilicen dos facciones: una que apoya al Gobierno, otra que lo repudia; existe una tercera parte que no apoya al gobierno pero tampoco una salida violenta o  antidemocrática. Es decir, la parte que apoya una solución pacífica, política que force la emergencia de nuevos actores políticos, queda invisibilizada completamente.

De modo que, como señala Castells (2012), quizá hemos sobreestimado esta capacidad redentora de la red pues la influencia que están teniendo las redes sociales en ciertos movimientos políticos es similar a la que tuvo MTV en la caída del muro de Berlín. Recordemos que la caída del muro de Berlín siendo una protesta legítima y con protagonismo juvenil, mediáticamente se transformó en propaganda imperialista anticomunista.

Esto indica que lobbys de poder que se benefician del conflicto venezolano (tenedores de bonos, élites políticas) están manipulando la información para influenciar a la población, tal como sucedía en el siglo XX, cuando quien dominaba la información tenía el poder.

Sanciones económicas aplicadas al gobierno venezolano y opinión pública

La línea discursiva del Gobierno de Estados Unidos ha sido de “solidaridad” con la situación que padecen los venezolanos, en tanto solidarios más agresivas son las sanciones que aplican para forzar la dimisión de Maduro. Tanto fuera de las fronteras como en el en el país hay sectores respaldan las sanciones y las consideran necesarias para presionar la salida de Maduro. Alinean el discurso con el del presidente de Estados Unidos, quien pese a tener una reputación bastante mancillada (Política de Tolerancia 0 en la que se separaron a 2300 niños de sus padres y la construcción del muro en la frontera con México, por mencionar solo algunos de los escándalos que ha suscitado), se erige como un “aliado” para quienes desde la desesperación o el odio desean la dimisión de Maduro.

¿Por qué se alinean estas opiniones? ¿Es Donald Trump o el gobierno estadounidense un aliado en la solución del conflicto venezolano?

El apoyo deliberado a las sanciones o el silencio cómplice que las acompaña es producto principalmente de un sesgo informativo y de la efectiva diseminación de matrices de comunicación a través de redes sociales y con participación de “influencers”, artistas y políticos que simplifican al extremo las posibles soluciones al conflicto venezolano.

Estas matrices encuentran asidero en la mala gestión del presidente Nicolás Maduro quien ha sido construido mediaticamente como la personificación de todos los males de la República, como punto receptor del odio y la impotencia colectiva. Además, las matrices también se sostienen en la existencia de dirigentes de gran peso simbólico dentro del Gobierno que han dado un tratamiento poco serio al asunto de las sanciones, ufanándose de su capacidad para lidiar con ellas e invisibilizando el daño que realmente causan al país y no a ellos como clase política sino al venezolano promedio y al Estado. Estas actitudes cínicas terminan generando rechazo a cualquier denuncia sensata que se haga desde este lugar de enunciación en contra de las sanciones.

Es por eso que pese al volumen de información que circula al respecto desde 2017, cuando se impusieron las primeras sanciones, la población desconoce qué son concretamente, cómo operan, las experiencias en otros países que han sufrido la aplicación de estas sanciones y el impacto que están teniendo en Venezuela. Un ejemplo de esto es la cobertura mediática que se le dio a las sanciones financieras impuestas por EEUU anunciadas el 19 de marzo, en comparación con la cobertura mediática que tuvo la publicación del informe de los economistas Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs, el pasado 25 de abril, que estima la muerte de alrededor de 40.000 personas como consecuencia de las limitaciones y efectos que generan las  sanciones aplicadas desde 2017 a 2018. 

Vemos cómo se ha invisibilizado la poca efectividad de este mecanismo de presión en lograr la dimisión de los presidentes objetivos, cómo atentan contra los ciudadanos y contra el Estado al conducirlo al colapso económico. Igualmente, se han invisibilizado los efectos directos e indirectos en la economía nacional y los resultados históricos de la aplicación de este tipo de medidas.

En este sentido, podemos traer a colación el ejemplo histórico de Iraq, país donde se aplicaron sanciones desde 1990 hasta 2010. En 1998 UNICEF realizó un estudio que estimó la muerte de 500.000 niños menores de 5 años como consecuencia directa e indirecta de las sanciones aplicadas en el país, si se sumaban las muertes de adultos la cifra rondaba el millón. El colapso económico al que fue conducido Iraq pasó por la destrucción de todos los sistemas elementales para sostener la vida moderna: colapso de los sistemas hídricos, eléctricos, de salud, de educación, asfixia del salario.

¿Cuál es la imagen que se ha construido mediáticamente de Venezuela?

Un país que puede salir del Gobierno de Maduro mediante el colapso económico del país mismo. Pero ¿qué significa llevar a un país al colapso económico? ¿Cuánto tiempo toma llevar a un país a su colapso económico?, ¿Saben las personas que apoyan las sanciones que en Irak las sanciones empezaron en 1990 y fueron levantadas en 2010, siete años después de la intervención armada?, ¿Generará ansiedad en quienes respaldan las sanciones que no sea rápida la dimisión de Maduro? ¿Cultivará esto la posibilidad de pensar otros escenarios? ¿Cuáles?

 


Referencias:

Castells, M. (2012). Redes de Indignación y esperanza. Movimientos sociales en la era de internet. Madrid: Alianza.

Claret, A. (2015).  Asociaciones, Movimientos y redes. El continuum de la participación juvenilEn Subirats, J. (dir) Ya Nada será lo mismo: los efectos del cambio tecnológico en la política, los partidos y el activismo juvenil. pp (28-45). Madrid, España: Centro Reina Sofia sobre Adolescencia y Juventud y Fundación de Ayuda contra la Drogadicción.

Gordon, J. (2005). Cool War: Economic Sanctions as a Weapon of Mass Destruction [2002]. Pilger, J. (ed). Tell Me No Lies. Investigative Journalism That Changed the World (pp.541-552). Thunder’s Mouth Press, New York, United States.

Muñoz, J. (2015).  Ni contigo ni sin ti. Los jóvenes ante la crisis política: legitimidad de las instituciones, despolitización y politización alternativaEn Subirats, J. (dir) Ya Nada será lo mismo: los efectos del cambio tecnológico en la política, los partidos y el activismo juvenil. pp (46-73). Madrid, España: Centro Reina Sofia sobre Adolescencia y Juventud y Fundación de Ayuda contra la Drogadicción.

Norton-Taylor, R. (2005). Under a False Pretext [2002-3]. Pilger, J. (ed). Tell Me No Lies. Investigative Journalism That Changed the World (pp.553-565). Thunder’s Mouth Press, New York, United States.

Organización Internacional para las Migraciones (2018). Informe sobre las migraciones en el mundo (2018). [Documento en línea]. Disponible en: https://publications.iom.int/system/files/pdf/wmr_2018_sp.pdf

Vilar, E. y  Eibenschutz, C. (2007). Migración y salud mental: un problema emergente de salud pública. [Paper en línea] Disponible en: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1657-70272007000200002

 

 

Crissia Contreras

Crissia Contreras. Cofundador y co- director de Revista Florencia. Director de Comunicaciones en Laboratorio Estratégico  y Director General en Studio en llamas. Estudiante de Sociología en la Universidad Central de Venezuela (UCV) con interés en comunicación política.

Compartir este