VENEZUELA: EL TEATRO DE LAS APARIENCIAS

VENEZUELA: EL TEATRO DE LAS APARIENCIAS

Venezuela es un escenario de disputa política continua, tanto en las relaciones de poder concretas, como en las apariencias que de ellas se derivan. En este terreno, resulta fácil verificar que cada cierto tiempo ocurre “algo”, sin embargo, es increíblemente complejo averiguar qué ocurre en realidad.

Es decir, que, ante cada nuevo punto de tensión en el conflicto político, los ciudadanos en general y los analistas en particular, nos enfrentamos a un ambiente de incertidumbre informacional e institucional que hace difícil verificar de manera certera en qué consisten los eventos ocurridos, cuáles son sus consecuencias inmediatas y cuáles son sus consecuencias en el mediano o largo plazo.

De esta incertidumbre informacional e institucional no logra escapar nadie: los ciudadanos, los analistas, los asesores de decisores, los decisores, en fin, todos los actores sociales manejan, con algunas variaciones, el mismo nivel de información o, al menos, el mismo grado de percepción sobre la certeza de la información que se posee.

Situación de incertidumbre informacional e institucional en Venezuela

La literatura especializada[1] sobre la política de la incertidumbre en regímenes autoritarios, nos dice que este tipo de regímenes sufren dos tipos de incertidumbre: la incertidumbre institucional (su permanencia en el poder siempre está amenazada) y la incertidumbre informacional (nunca pueden saber que tan seguros están).

En este escenario, todos los actores políticos intentan influir tanto en el aumento o disminución de las amenazas reales, como en el aumento o disminución de las percepciones de amenazas, según el bando político donde se ubiquen. Claro que, en un ambiente de incertidumbre profunda, resulta complejo verificar a ciencia cierta en que momento las amenazas reales son solo percepciones o las percepciones de amenazas son realmente amenazas reales, por tanto, el ambiente tiende a ser de paranoia continua para todos los actores sobre el tablero.

Es decir, que aun si el régimen político se encontrara consolidado, nunca podría estar seguro de que lo está, por tanto, como lo que se encuentra en juego es precisamente su permanencia en el poder, nunca será exagerado tratar como amenaza real toda percepción, aún con el desgaste y las posibles grietas que esta actitud puede generar en el bloque de poder dominante. En cambio, para la oposición, la situación es inversamente proporcional: si bien su estrategia tiende a ser, naturalmente, generar percepciones de amenazas con la esperanza de que se conviertan en amenazas reales, sería un error garrafal crear estrategias o tomar decisiones asumiendo que las percepciones de amenazas construidas son, en efecto, amenazas reales.

Leopoldo López encabeza el intento de Golpe de Estado en Venezuela el 30 de abril de 2019 / Reuters, Carlos García Rawlins

¿Por qué no es creíble la información disponible?

La información en contextos autoritarios siempre será, como mínimo: opaca, cuando no simplemente inexistente. Hablamos de una situación realmente dramática: ya que aún con la información disponible, no existe modo de verificar si la información es completa o verdadera.

¿Por qué ocurre esto? Según el investigador Andreas Schedler[2] existen tres factores que promueven la opacidad de la información en los contextos autoritarios; a saber: la represión de las creencias, la naturaleza oculta de las políticas públicas y la falta de credibilidad de los monopolios de información.

El mundo es un teatro

En primer lugar, en contextos autoritarios la comunicación pública está distorsionada. Todos los días asistimos a un gran teatro donde ciudadanos, funcionarios públicos, élites políticas y militares asumen un rol auto-protector, una postura actuada sobre lo que se debe decir, hacer y, sobre todo, no decir o no hacer de acuerdo a la función que se tenga dentro de las distintas estructuras de poder.

Así, aun cuando el régimen invirtiera grandes dosis de dinero y tiempo en vigilar a los ciudadanos –y sobre todo a sus partidarios- nunca podría estar seguro de que lo observa es, en verdad, la opinión real de los ciudadanos, partidarios o funcionarios.

Para aumentar más la confusión, lo permitido y no permitido dentro del compartimiento teatral no es fijo o inmutable, sino continuamente cambiante. Lo que hoy es visto como el comportamiento ejemplar de un funcionario pro-gobierno, mañana puede ser visto como un compartimiento sospechoso de un infiltrado y viceversa. Por tanto, todos actúan –incluso aquellos que en verdad se sienten comprometidos con el proceso político- a sabiendas que los demás también lo hacen, pero sin poder confirmar nunca si en realidad lo están haciendo.

Claro que, de esta situación no escapa la oposición, que no solamente tiene que ser oposición, sino, además, parecer de oposición. Por tanto, la exageración, hasta el punto de la teatralidad barroca, será una de las estrategias predilectas para intentar comunicar aquello que “está”, pero que “no se puede ver”.

La política oculta: quién, cómo, dónde y por qué

El segundo factor de promoción de la opacidad en los regímenes autoritarios, tiene que ver con la “naturaleza oculta de las políticas públicas”.

Naturalmente, el juego político es complejo incluso en las democracias más avanzas, no obstante, mientras que en aquellas las decisiones políticas las toman los actores siguiendo un conjunto de procedimientos claramente establecidos y verificables, en contextos autoritarios y principalmente de fragilidad institucional, las decisiones tienden a ser mayormente arbitrarias, ejecutadas por actores desconocidos, sin posibilidad de verificar las razones o consecuencias inmediatas de tales decisiones.

En el caso venezolano esta situación resulta evidente para todos los actores sobre el tablero, incluso para los “jugadores” que en apariencia parecen estar más profundamente implicados en la partida –y, por tanto, valdría suponer mayor informados- resulta difícil verificar quien, cómo, dónde y por qué se han tomado algunas de las decisiones políticas que ocurren en el día a día.

El Diputado Luis Parra se proclama Presidente del Parlamento en una cuestionada ceremonia / AP

La crisis de los medios tradicionales de información

El tercer elemento que facilita la opacidad de la información en los regímenes autoritarios está relacionado con la “falta de credibilidad de los monopolios de información”.

Es decir, en la medida que el régimen controla los medios públicos de información, la misma tiende a interpretarse como tendenciosa, arbitraria o sesgada. En el caso venezolano, la situación es francamente peor: ya que la mayoría de los medios privados también participan de este juego (des)informativo. Ya sea porque han sido cooptados por el régimen político o porque muestran una línea editorial claramente parcializada en sentido inverso. Por tanto, el consumo de información en Venezuela a través de los medios venezolanos, tiende a ser una auto-afirmación de las tendencias y opiniones de uno y otro según las preferencias políticas.

En estos contextos, por ejemplo, no habría ninguna diferencia entre la información proporcionada por CNNE o la información suministrada por Telesur: ambas resultan solo creíbles para un público ideologizado.

Esta situación, que podría ser diferente con respecto a algunos medios especializados o “think-tanks”, terminan languideciendo cuando entendemos que los analistas de estos medios –aun cuando podrían llegar a ser actores con intenciones honestamente imparciales- generan análisis en el mismo contexto de incertidumbre informacional que el resto de los actores.

Así, cuando la información tradicional no es confiable o, en palabras de Schedler: no menos confiable que cualquier otra publicación secundaria o rumor de pasillo; asistimos a la proliferación de expertos y analistas, que intentan disputarse el monopolio de la información o, mejor dicho, de la adivinación. Situación que termina siendo agravada cuando vemos que la mayoría de los que se presentan como “analistas políticos” en Venezuela son, en realidad, operadores políticos que buscan posicionar las matrices de opinión de sus propios campos partidarios.

¿Cómo se toman decisiones políticas en un contexto de incertidumbre?

La respuesta a la pregunta del enunciado, no puede ser sino trágica si tenemos en cuenta que las decisiones de los políticos terminan por afectar el devenir de la sociedad, no obstante, la realidad es que todos los planes sobre cómo controlar o profundizar la incertidumbre institucional, se realizan en un contexto de incertidumbre informativa. Es decir, nunca se está ciento por ciento seguro sobre la significancia, las causas o las consecuencias de los hechos por más simples que estos parezcan.

Esta situación afecta a todos los “jugadores” por igual, tantos a los actores en el poder como los actores de la oposición. De hecho, una de las explicaciones más creíbles desde el punto de vista racional sobre las estrategias erráticas de la oposición venezolana, gira en torno a la falta de información confiable al momento de planificar las acciones y, por tanto, unos resultados bastante modestos en comparación a las proclamas que los motivaron.

El ex Asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jonh Bolton, exhibe “inadvertidamente” un mensaje con contenido estratégico / AP

El límite del teatro

La literatura especializada más actualizada sobre la política de la incertidumbre nos dice que la incertidumbre no es únicamente un factor dado sino más bien un campo en disputa: todos los actores intentarán aumentar las amenazas y percepciones de amenazas que sobre el otro rondan con el objetivo de intentar aumentar la gobernanza propia disminuyendo la del contrario.

Cómo hemos visto, en contextos de incertidumbre extrema, la teatralidad cobra una relevancia sustancial: para el régimen político no solo es importante mantener el control, sino también la apariencia de control; para la oposición, no solo es importante aumentar la inestabilidad del gobierno, sino la apariencia de inestabilidad.

No obstante, al finalizar el día, el límite del teatro se encuentra con el poder real: sí el régimen político no logra que la gente les crea, siempre pueden hacer que les obedezcan a través de los distintos medios coercitivos de los cuales dispone. En cambio, para la oposición venezolana, por más que insistan en la teatralidad del poder a través de la “presidencia encargada” y la fundación del Estado paralelo, la posibilidad de ejercer el poder real no escapa de las fantasías creadas en las “tablas” del teatro.

 

 


[1] Al respecto se pueden revisar los trabajos de Andreas Schedler sobre la política de la incertidumbre en regímenes autoritarios.

[2] Schedler, A. (2016). La política de la incertidumbre en los regímenes electorales autoritarios.


¡Contribuye con nosotros para que este contenido siga siendo gratuito!





Guido Revete

Cofundador y codirector de Revista Florencia. Sociólogo por la Universidad Central de Venezuela (UCV), con un diploma de posgrado en Estudios Avanzados en Gobernabilidad y Gerencia Política por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), candidato a Magíster en Estudios Políticos y de Gobierno en la Universidad Metropolitana (UNIMET).

Un comentario en «VENEZUELA: EL TEATRO DE LAS APARIENCIAS»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir este